Hay varias situaciones de tipo socio económico en Panamá que deben ser atendidas. Una de las principales es el trabajo informal. Se considera que hay trabajo informal cuando el trabajador no tiene un contrato formal con un empleador y no está protegido por las disposiciones del Código de Trabajo y la legislación sobre seguridad laboral.
El trabajo informal es característico de los países en desarrollo y en Panamá, el 45% de la población económicamente activa obtiene sus ingresos como trabajadores informales.
Los trabajadores informales no pagan cuota del seguro social y, por tanto, no tienen la protección médica y la cobertura de los otros riesgos de la seguridad social en Panamá. Por tanto, tampoco califican para jubilarse y, al llegar a cierta edad y no poder continuar con sus actividades habituales, se ven sumamente afectados.
Miles de personas que se dedican a oficios de conductores de taxi, billeteros, profesionales independientes y otras actividades son trabajadores independientes. El vendedor ambulante que se te acerca en los semáforos o que recorre las calles es solo uno de los tipos de trabajador informal.
Ninguno de los gobiernos recientes ha enfrentado exitosamente el problema del trabajo informal.
La mayoría de los trabajadores informales no está capacitada para desempeñar trabajos formales que requieren de conocimientos y habilidades especiales. Por ejemplo, una billetera que no tiene educación adecuada mal podría desempeñarse en una oficina como secretaria. Y allí es donde está el problema: cómo lograr que los cientos de miles de trabajadores informales puedan convertirse en trabajadores formales. La solución parece ser la capacitación. En nuestro país tenemos a la institución pública Inadeh (Instituto Nacional de Formación Profesional y Capacitación para el Desarrollo Humano), cuya función es precisamente capacitar. Sin embargo, no está trabajando a plena capacidad y solo capacita a un porcentaje reducido de las personas que necesitarían capacitarse. He tenido la experiencia de presenciar cómo operan los cursos de capacitación dictados por instructores del Inadeh para plomeros, electricistas, sastres, saloneros, computación, etc.
En Panamá, se podría capacitar a miles de personas en los oficios arriba mencionados y, adicionalmente, en tantos otros como mecánicos de automóviles, técnicos de refrigeración y aire acondicionado, soldaduras, etc.
Las personas que tomen estos cursos podrían recibir un subsidio o beca que les permita tener ingresos durante el periodo del curso respectivo.
Quiero aclarar que cuando me refiero a los trabajadores informales no estoy pensando en las empresas familiares, ni en las pequeñas y medianas empresas que son, como en muchos otros países, la base de nuestro tejido socio económico y generan ingresos para cientos de miles de panameños.
Los trabajadores informales obtienen ingresos reducidos y muchas veces solo sobreviven con lo que ganan. Si un día se enferman o no pueden ir a trabajar por cualquier razón, ese día su familia pasa hambre. Por eso es importante lograr la transición del trabajo informal al trabajo formal, como lo indica la OIT (Organización Internacional de Trabajo) en sus resoluciones y recomendaciones.
En los países desarrollados (países europeos, Estados Unidos, Japón, Canadá, etc.), el porcentaje de trabajadores informales es mucho menor que en los países en desarrollo.
Cada vez que oigo hablar del problema de la desigualdad que existe en Panamá entre las clases sociales, pienso en los trabajadores informales y en los habitantes en las comarcas de los pueblos originarios. Frecuentemente se dice que debemos confiar en la educación para solucionar el problema de la desigualdad. Estoy de acuerdo con esta idea, pero hay que tomar en cuenta que la solución al problema de la desigualdad a través de la educación puede tomar dos o tres generaciones. Mientras tanto, se podría capacitar a miles de personas e incorporarlas a la economía formal en un tiempo más corto. En esta forma estaremos incrementando la clase media, que puede ser la base de nuestro tejido social. De esta forma estaríamos combinando la capacitación a corto plazo con la educación a más largo plazo, para solucionar la terrible situación de desigualdad que tenemos en Panamá.
Ningún gobierno que yo recuerde ha intentado un plan de capacitación masiva, aunque si recuerdo que se hicieron promesas sobre este tema, a raíz de la ampliación del Canal. Pero el Inadeh nunca recibió los recursos presupuestarios para lograr este propósito.
No podemos dejar que este problema del trabajo informal y la desigualdad continúe afectando el bienestar de los panameños. Tenemos que hacer algo ya.
El autor es abogado

