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Medicina basada en evidencia

Tratamientos y cautela…

Todos queremos que se encuentre un tratamiento efectivo para la Covid-19. Personal de salud, pacientes, gobernantes, trabajadores, comerciantes, industriales y todo aquel que tenga sentido común. Ante la inminente demora de una vacuna, pues un tratamiento efectivo se convierte en la mejor opción para poder detener el avance de la pandemia. Por eso, estamos presenciando una carrera desenfrenada para tratar de encontrar literalmente “algo”, que de una luz de optimismo en el horizonte. No olvidemos que, desde hace un siglo, el mundo no se enfrentaba a una situación sanitaria tan grave. Al momento de terminar este artículo, la Covid-19 ha infectado a más de 8.7 millones de personas, y ha cobrado la vida de 460 mil. Estos datos alimentan la carrera por conseguir un tratamiento.

En vista de esta obvia necesidad, estamos presenciando, en primera fila, una serie de procesos que generalmente se dan en el mundo científico, pero sin reflectores. Términos comunes a la investigación médica, como estudios controlados, placebo, diferencias significativas, intención de tratar, morbilidad o mortalidad, han pasado de los textos académicos a las páginas de periódicos, revistas y redes sociales…

Y así, hemos sido testigos de como ese proceso de búsqueda de remedios efectivos ha generado estudios, pseudoestudios, conjeturas y disparates. Obviamente, esos datos en periódicos, videos de YouTube, mensajes de Facebook o Twitter, o cadenas de WhatsApp, tenemos a un montón de gente opinando, sin la base para analizar esa información.

Otro elemento que ha generado mucha confusión, es que algunos de estos supuestos estudios se han hecho públicos sin haber pasado por los procesos de revisión por pares, tan necesarios para filtrar contenidos y eliminar sesgos, muchas veces derivados del lógico entusiasmo de los investigadores.

Primero fue el tira y jala de la hidroxicloroquina. Un grupo francés con muy pocos pacientes, dio a entender que pudiera solucionar el problema. A esta débil evidencia, se sumó que al cuadrúpedo que gobierna Estados Unidos (con el perdón de los cuadrúpedos respetables), le dio por decir que la hidroxicloroquina era la solución. De inmediato, un montón de sus seguidores comenzaron a comprar y tragar el medicamento, generando un desabastecimiento entre quienes realmente lo necesitan para tratar lupus, artritis reumatoide o malaria. Conforme pasó el tiempo, se fue haciendo evidente que no existía tal beneficio, y que incluso era peligroso. La OMS lo incluyó en su estudio y encontró que los pacientes que la tomaban tenían mayor mortalidad y suspenden su uso. Al analizar en detalle los datos, resulta que no había una relación de los efectos secundarios con el aumento de mortalidad, por lo que el estudio se reinició. Estos “cambios de opinión” que tanto indignan a los médicos graduados en Google, son comunes en la investigación médica, pero no con los medios y redes sociales opinando.

Después hay datos con ivermectina (un antiparasitario que se usa para tratar piojos, entre otras cosas) que demostró en un estudio observacional una reducción de mortalidad. Antivirales como lopinavir-ritonavir, combinados con interferón, también demostraron utilidad en el manejo de los pacientes menos graves, evitando que la enfermedad progrese a etapas de hiperinflamación. Igualmente, el fármaco experimental remdesivir mostró resultados prometedores inhibiendo la replicación del virus en las células del aparato respiratorio. Del mismo modo, durante estos cinco meses inundados de información, el uso de heparinas y esta semana de dexametasona (un esteroide conocido hace mucho), también han mostrado resultados prometedores.

El asunto que hay que manejar con cuidado es que todos estos medicamentos tienen indicaciones precisas en determinadas circunstancias y en distintas fases de la enfermedad. De allí que decir “a mi que me pongan dexametasona y heparina, y que no me intuben” es una perfecta tontería, pues hay que individualizar cada caso a la hora de tomar decisiones. Por si acaso, si yo llegara a desarrollar la Covid-19, y tengo la saturación de oxígeno en 60%, por favor intúbenme, diga lo que diga en Youtube una doctora salvadoreña que ya la están buscando para sancionarla. E igualmente, con todas las demás terapias. Que el médico que me atienda tome las decisiones individualmente en base a los datos clínicos que observe.

Una enfermedad tan compleja como la infección por SARS-Cov2, no puede ser tratada como una receta de cocina, y deben tomarse en cuenta muchos factores clínicos y de laboratorio para definir los tratamientos indicados. Y eso, habitualmente no lo enseña ni Google ni WhatsApp…

El autor es cardiólogo


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