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Ucrania: encrucijada para el orden global y la humanidad

Después de más de setenta años de paz en Europa al finalizar la Segunda Guerra Mundial en 1945, el orden mundial de post-guerra ha dado, súbitamente y ante la incredulidad de muchos, un giro radical. Si bien conocemos de la fragilidad y falencias de ese llamado orden mundial de posguerra, lo ocurrido en la madrugada del 24 de febrero con la “operación militar especial” ordenada por el Presidente Vladimir Putin ante la supuesta “amenaza” de Ucrania.

La coreografía ensayada por Putin pone de manifiesto, además de la guerra asimétrica, el uso de una estrategia de guerra híbrida, con una intensa y feroz campaña de (des)información tanto por parte de los Estados Unidos y sus aliados europeos y de la OTAN, así como del Kremlin. En realidad, el plan coreografiado inició en 2014, cuando Rusia apoyo a los separatistas pro-rusos de la región ucraniana del Donbas, con sus respectivos enclaves de Donetsk y Luhansk, en la región del Donbás fronteriza con Rusia. Ya lo había hecho en Georgia en 2008, donde Putin resquebrajó la integridad territorial de la pequeña república del Cáucaso apoyando a los rebeldes prorusos de Osetia del Sur y Abjasia; otro tanto en Moldavia, en el enclave étnico ruso de Transnistria, sin dejar de mencionar Chechenia. La particularidad del inicio de la agresión actual es dar reconocimiento como Estados a los dos ‘oblast’ del Donbas, sobre la totalidad del territorio que ambos reclaman, reclamos que van más allá del territorio –de facto-bajo control rebelde. El factor ideológico ha sido clave y vital en esta campaña híbrida de desinformación, lo que trae ecos de la propaganda nazi de un ‘lebensraum’ (‘espacio vital’), aplicada en la actualidad a la madre patria rusa y sus minorías étnicas en los territorios aludidos. Incluso, Putin subvierte el principio de autodeterminación de los pueblos para aplicarlo a esas minorías asentadas en territorios de países soberanos reconocidos por el derecho internacional como tales. De allí se deriva una cruda lección para Occidente: el uso y (abuso) de referencia al principio de autodeterminación no es un ‘commodity’ que en pleno siglo XXI se pueda o deba utilizar a la ligera como expediente de resultados políticos de conveniencia tempo-espacial. Siguiendo con la planificación del acto del uso de la fuerza armada, en su vitriólico (algunos lo llaman “desquiciado”) discurso al pueblo ruso, Putin se proclamó, en su capacidad dictatorial, una especie de Zar salvador de todas las rusias y su colectividad étnica asediada por el enemigo Occidental armado en las fronteras rusas y a punto de aniquilar de ocupar su espacio vital y aniquilar su propia existencia terrenal. Se impone la reversa de la impasividad ante el cruce de líneas rojas previamente advertido e incluso la amenaza del Armagedón nuclear con medidas técnico-militares. Esto resulta alarmante para los habitantes de nuestra aldea global común: En un mundo de democracias imperfectas y con profundas falencias institucionales en su gobernabilidad, la amenaza apocalíptica de un Zar moderno convertido en dictador, es escalofriante y casi esquizofrénica, ya que Putin controla el botón nuclear del Estado ruso y de su aparato de seguridad y defensa. En pocas palabras: Controla individualmente, sin controles democráticos, la toma de decisiones para ejercer tanto la amenaza del uso de la fuerza armada como su ejercicio real, incluyendo el arma nuclear. Esto lo reafirmó el mismo ante su Consejo de Seguridad Nacional, en reunión publicitada para informar a la Nación que había recibido la solicitud de la Duma (Parlamento) para el reconocimiento como Estados, de Donetsk y Luhansk. Acto seguido al reconocimiento formal, se produce la firma de acuerdos vinculantes entre las tres Partes desiguales. Allí, el guión de la seudo-fundamentación jurídica se convierte en mortífero y violento: La acción militar para salvar las vidas de los rusos en el Donbas bajo asedio y agresión de la camarilla nazi que gobierna Ucrania. El objetivo de la “operación especial”: “desnazificar” y “desmilitarizar” a Ucrania y retrotraerla, en sentido correctivo, al seno de la madre Rusia desde Moscú y en el Kremlin, porque según Vladimir Putin, nunca debió haber existido como tal. ¡Tiempos ominosos para nuestra especie, Sancho!

El autor es profesional de las Relaciones Internacionales y Economía Política


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