De todos los desaciertos de la humanidad, la guerra es uno de los peores. Además de muerte y destrucción ha traído a las naciones descalabro económico y crisis humanitarias de enormes proporciones provocando el sufrimiento a inocentes, entre ellos incontables niños y ancianos. Las guerras, motivadas por deseos de conquista territorial y subyugación de quienes profesan otras costumbres, ideas o religiones o porque provienen de etnias distintas, han sido casi siempre provocadas por individuos al borde de la locura obsesionados por ansias de poder, riquezas y ambiciones desmedidas, elevados a posiciones de autoridad por los mismos ciudadanos, hayan sido reyes, emperadores, presidentes o dictadores.
Muchas han sido provocadas por potencias mundiales enfrentadas política, económica o estratégicamente y han tenido lugar fuera de sus fronteras en otros países utilizados como peones en su rivalidad. Tal es el caso de Ucrania en el que el enfrentamiento es realmente entre Rusia y Estados Unidos y sus aliados en la OTAN y que más allá de tener connotaciones estratégicas de carácter defensivo, las tiene de naturaleza económica al ser Ucrania un país rico en recursos naturales principalmente alimentarios, minerales y energéticos de los que depende el resto de Europa.
De la historia antigua y reciente se desprenden los motivos de Rusia para mantener a Ucrania en su esfera de influencia o al menos en una posición neutral: Los rusos la consideran la cuna de su origen étnico y cultural, comparten la misma historia y religión y hasta no hace mucho la misma inclinación ideológica y política como parte de la extinta Unión Soviética. Tras su descalabro en 1991 Ucrania pasó a ser una república independiente, aunque aún gobernada por autoridades bajo la influencia rusa. En 2014, un movimiento popular derrocó al gobierno afín a Rusia, iniciando un proceso de integración a la Unión Europea y a la organización militar de defensa de Europa occidental, Estados Unidos y Canadá - OTAN, a la que ya se habían integrado los otros países independizados de la Unión Soviética, excepto Bielorrusia que junto a Ucrania, comparten fronteras con Rusia, de ahí su pretensión de que ninguno de estos dos países pertenezca a la OTAN, quedando como una zona de seguridad alejada de las fronteras con los países de la OTAN, aunque ya las tiene con Estonia y Letonia en el Báltico. Esto es en resumen el motivo de Rusia para invadir Ucrania.
Siendo realistas, la guerra se pudo evitar si Ucrania se hubiera acogido a una declaración de neutralidad, como lo hizo Suecia por ejemplo, permitiendo mantener su acercamiento económico y cultural a occidente y seguir gozando de su libertad y desarrollo. Si eso hubiera ocurrido, no estaría hoy inmersa en los horrores de la guerra que amenaza por destruirla y lo que sería peor, su anexión a Rusia.
Ante la agresividad de Putin, nadie sabe en qué va a terminar. Lo que es cierto es que existe el riesgo de un escalamiento del conflicto que acabaría por afectar no solo a Europa sino al mundo entero. La solidaridad internacional y la voluntad a unirse a las sanciones económicas, así como la valentía de los ciudadanos y su presidente determinados a luchar hasta el fin no compensan el sufrimiento de los ucranianos enfrentados al terror de la guerra con su estela de muerte, destrucción y el éxodo de refugiados separados de sus familias, amigos y seres queridos y apartados de sus hogares, negocios y pertenencias.
La historia tiende a repetirse. En el siglo pasado otro loco, Adolf Hitler, anexó Checoeslovaquia y Austria a Alemania antes de invadir Polonia y continuar con su ocupación del resto de Europa en lo que condujo a la II Guerra Mundial. Ahora Putin se anexó Crimea y Dombass con el mismo pretexto e invadió Georgia antes que Ucrania sin que nadie lo detuviera. Que no le tome por sorpresa a Estados Unidos y sus aliados en la OTAN el que Putin quiera seguir los pasos de Hitler.
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