La comisión internacional que establece límites a la pesca del atún y otros peces migratorios grandes, se reúne en Brasil. Enfrenta una realidad deprimente: el atún aleta azul en el este del Atlántico y del Mediterráneo se dirige a la extinción comercial.
De cuando en cuando, la comisión ha reducido marginalmente la pesca permisible, pero nunca tanto como lo han recomendado sus científicos, y nunca lo suficiente para revertir el hundimiento del pez hacia la extinción. La única cuota que cambiará las cosas es cero.
Debería cancelarse la pesca del atún en el Mediterráneo, donde desova, simple y llanamente, hasta que los científicos digan que se han alcanzado los niveles sustentables.
La delegación estadounidense en las conversaciones no debería aceptar ninguna otra cosa. Si se genera sólo una cuota reducida, lo que podría pasar dada la integración de la comisión , entonces Estados Unidos debería unirse a Mónaco y otros países que han presionado para poner al atún en la lista internacional de especies en peligro de extinción. Ello permitiría que los pescadores vendan el atún aleta azul nacionalmente, pero haría ilegal el comercio internacional de grandes volúmenes, finalmente dándole la posibilidad de recuperarse.
Los científicos dicen que la pesca excesiva (gran parte ilegal) ha provocado un declive de 72% en la población adulta en el este del Atlántico y el Mediterráneo en los últimos 50 años. Las más reducidas en el oeste del primero han mostrado descensos similares, pero se han estabilizado, en parte por el cumplimiento estricto por parte de Estados Unidos.
Aun cuando cancelar la pesca es un paso drástico, los científicos creen cada vez más que es la única forma de salvarla, y que se tiene que hacer pronto, antes de que la especie alcance el punto sin retorno. Eso sucedió con el bacalao del Atlántico norte, mientras que el cierre de las zonas de desove a la pesca comercial permitió que se recuperara el pez espada.
Es seguro que los países europeos con grandes flotillas industriales discutan que será suficiente reducir la pesca permitida a, por decir, 15 mil toneladas al año de las actuales 22 mil. No es así. Sabemos que los intereses comerciales son enormes: la pesca del atún aleta azul es un negocio de miles de millones de dólares, impulsado por el apetito mundial por el atún, particularmente en Japón.
Sin embargo, lo que estos gobiernos y sus intereses pesqueros necesitan reconocer es que, a menos que se haga algo ahora, pronto no quedará ningún atún que pescar.