Ciertos lugares de Panamá que el olvido ha ido envolviendo hasta agregarle una pátina verdosa que desvela el matiz añejo y fantástico que generalmente es solo una visión caprichosa de la mente, reaparecen súbitamente en la memoria.
A mí me contó un viejo vecino del lugar que la calle Colón que corre paralela a la Avenida B era conocida como la Calle de las Damas por estar vinculada a una anécdota elaborada por el poeta Demetrio Korsi que a mí, a estas alturas, se me ha borrado del recuerdo.
En la esquina, entre calle Colón y Salsipuedes había una librería de viejo donde adquirí un librito del para mí entonces desconocido porta argentino Jorge Luis Borges, por la módica suma de 25 centavos, intitulado Historia Universal de la Infamia.
Fue una casualidad que muy poco después los libros de Borges editados por la editorial Emecé se ofrecieran en las librerías Selecta y Cultural Panameña.
Quizá sin saberlo entré a formar parte de la minoría de poetas que en Panamá conocieron y admiraron los poemas de Borges que apenas circulaban en América Latina.
El 3 de diciembre de este año se cumple el centenario del nacimiento de Roque Javier Laurenza, un poeta erudito y brillante hombre de letras de Panamá, a quien le oí recitar por primera vez el poema de Los dones de Borges.
Laurenza muy enterado de la literatura de su tiempo me ilustró sobre el tema de los tigres en Borges y su carácter emblemático.
Sobre el particular, Borges una vez aclaró que en su vida siempre hubo tigres.
En su librito viajero Atlas Borges aparece retratado al lado de un tigre siberiano que luce sereno y civilizado y cuenta que “ese último tigre es de carne y hueso. Con evidente y aterrada felicidad llegué a ese tigre, cuya lengua lamió mi cara, cuya garra indiferente o cariñosa se demoró en mi cabeza, y que, a diferencia de sus precursores es más real que los otros”.
Con motivo de celebrarse el 3 de diciembre de 2010 el centenario del natalicio de Roque Javier Laurenza, quiero agradecer la gentil invitación de la magíster Imelda Guerra, rectora encargada del Instituto Nacional, para participar en el conversatorio organizado por el Instituto Nacional de Panamá, al que no podré asistir por razones de salud.
Después de tratar y conversar con Roque Javier Laurenza para armar mi tesis de graduación y la intervención de don Rodrigo Miró, mi profesor y consejero, ha venido a mi memoria una anécdota que leí después y que compartí con Carlos Iván Zúñiga.
Se trata de una anécdota recogida por Roberto Alifado en su libro El humor de Borges.
“Borges es acosado por unas señoras en el momento en que cruzamos la calle.
-¿Es usted Borges, verdad? - pregunta una de ellas.
-Sí, responde el escritor. Pero si seguimos aquí corro el peligro de dejar de serlo en cualquier momento.
