Dice Alberto Manguel, en su hermoso libro Una historia de la lectura, que es muy probable que se pueda sobrevivir sin escribir, pero no se puede vivir sin leer. Quizá por eso Manguel descubre que la lectura precede a la escritura. Si miramos al pasado, veremos que los primeros hombres tuvieron que “reconocer y descifrar el sistema social de signos” antes de esculpirlos en una piedra o en un hueso. Pero la necesidad de escribir para cada cultura hizo que evolucionara el lenguaje de los signos hasta que nació la literatura como la conocemos hoy día. En la actualidad, una de las formas comunicativas de preservar la historia y la identidad es a través de la escritura, la lectura y la oralidad. Quiero hablar de la lectura.
La lectura es una de las primeras experiencias de libertad y felicidad que tiene el ser humano. Cuando un niño aprende a leer, su imaginación se pone en contacto con los personajes y las aventuras de la historia que imagina. En ese momento nace un sentido de la libertad que los psicólogos han asociado con la inteligencia emocional y que ayuda al desarrollo de las competencias del niño. Por otro lado, como Jorge Luis Borges lo ha dicho ya, la lectura es una forma de felicidad. En muchas ocasiones, los animadores de lectura hemos sido testigos de cómo un niño se abraza más alegremente a un libro que a un globo. Esto es algo que no hemos podido explicarnos, pero no es necesario cuando la alegría es un hecho.
Más tarde, cuando el niño crece, va acercándose a otros universos que también la lectura le va ofreciendo: se acerca así al mundo de lo abstracto, de las ciencias exactas y de la sabiduría espiritual; va poco a poco entendiendo su mundo y la compleja realidad, sus tesoros y sus contradicciones; el sentido de la justicia y la libertad. La vida para él adquiere mayor sentido cuando la lectura le va moldeando su sentido de la belleza y la razón. Es por eso que una criatura que lee, como dijo Mario Vargas Llosa, sufre más, pero al mismo tiempo es un ser que se persuade de los peligros y abusos de su mundo.
Para muchos, leer no es una necesidad como lo son otras cosas en la vida. Incluso yo creo que un helado o el pan son mejores inventos que un libro. Pero si miramos a profundidad, la noción de lectura está implícita en cada rincón de la existencia. La experiencia de leer está en todas las manifestaciones de lo humano y no sólo a la hora de leer un libro; la lectura tiene muchas formas y nociones. La lectura y la escritura son formas de supervivencia. Y si leer es una forma de sobrevivir, significa que es una forma de resistir. Creo que es válido pensar que resistimos porque sentimos que aprendemos a cuidar las cosas que amamos. Por eso al leer aprendemos a tomar decisiones y a separar lo que no nos sirve para cuidar. Se pueden cuidar cosas tan sencillas, como el pensamiento o las palabras, por ejemplo.
El poeta estadounidense Ralph Waldo Emerson señaló con profunda convicción en una ocasión que: “Muchas veces, la lectura de un libro ha definido el destino del lector”. La noción de lectura es una necesidad. Estamos leyendo el mundo constantemente, pero no lo sabemos porque las prisas no nos dejan leer el entorno. Desde luego que, cuando hablamos de lectura de libros, estamos ante una práctica cultural que tiene distintas dimensiones sociales, porque allí también hay un universo de lecturas. Leemos desde distintos espacios, opuestos momentos y con diferentes intereses o necesidades. Hay un espacio para leer en cada persona y ese espacio es un lugar sagrado de ritos y epifanías personales. Cada uno se construye esa zona en su interior y la comparte cuando la palabra se convierte en una ceremonia social; en rito compartido.
La lectura también tiene sus metáforas. Algunas son tan hermosas que se podría hacer un poema. Y otras son metáforas realizables. Cuando decimos, por ejemplo, que leer te hace crecer, sabemos que esa figura literaria, que compara tácitamente la lectura con el alimento, es cierta en el fondo porque crecemos por dentro con el aprendizaje o la experiencia de la lectura. Si decimos: leer te pone a viajar, sabemos que apelamos al imaginario de poder estar emocionalmente en cualquier parte, a través de nuestra imaginación. Sin embargo, la lectura va más allá de las metáforas. Es algo real que nos permite la posibilidad de ser creativos para construir proyectos realizables.
En algún momento, el poeta Walk Whitman animaba al lector con esta idea: no dejes de creer que las palabras y la poesía sí pueden cambiar al mundo. La lectura tiene la función de bálsamo en la sociedad. Es un encuentro con la libertad y la felicidad. Si leer puede cambiar a las personas, significa que puede cambiar el mundo. La lectura, es decir, la cultura, quizás no sea el remedio para todos nuestros males, pero es la forma quizá más humana de poder aliviarlos.
El autor es escritor

