Como estudiante de secundaria, distribuir mi tiempo de una manera productiva es de suma importancia. Aun cuando parezca fácil, lo cierto es que no lo es. Viendo una película, estoy dejando de leer un libro. En otras palabras, dejando de invertir en mi futuro.
Los seres humanos en ocasiones actuamos de manera instintiva. ¡Es la realidad! Hay diferentes teorías sobre los instintos. Sin embargo, hay uno del que nadie debate. Al final, todos buscamos sobrevivir.
El instinto de supervivencia, en muchos de los casos, nos nubla la visión en el futuro e induce a pensar en el ahora. Es por esto que muchos tendemos a tomar lo que está a nuestro alcance por más que no sea la mejor alternativa para el futuro.
A finales de los años 60, se realizó un experimento social conocido como la prueba del malvavisco en la Universidad de Stanford. Este experimento consistió en una serie de estudios sobre la gratificación retrasada.
En estos estudios, se le ofreció a un niño que elija entre una recompensa de manera inmediata o la oportunidad de esperar un pequeño período de aproximadamente 15 minutos y recibir dos recompensas en lugar de una.
Mientras que algunos preferían esperar para recibir dos malvaviscos, otros no. Interesantemente, los científicos descubrieron que muchas veces los humanos fallamos en identificar nuestra mejor alternativa, especialmente cuando la gratificación no es inmediata.
Dicho esto, hay quienes viven el presente, pero yo prefiero el futuro. No significa que esté en una pelea con el presente. Todo lo contrario, tenemos una buena relación. Sin embargo, debemos vivir un presente, siempre recordando el pasado y en consideración del futuro.
Todos los seres humanos constantemente tomamos decisiones. Algunas son simples, otras más complejas. No obstante, finalmente todas son decisiones .
Principalmente en esta cuarentena, he percibido un incremento en la cantidad de dilemas diarios que debemos resolver. Por lo tanto, me gustaría persuadir, especialmente a los jóvenes como yo, a que se unan al club de personas que son consideradas con el futuro.
Vivimos en un país en el que el sistema educativo ha fracasado. Prueba de esto es que Panamá se ha posicionado en el puesto 71 sobre 77 países evaluados, según la última prueba educativa de referencia mundial PISA, por sus siglas en inglés.
Lo expuesto anteriormente no se debe a que no tenemos la capacidad de superar a las más grandes potencias. Peor aún, es resultado de la cultura de distracción de los jóvenes de mi generación. Muchos prefieren vivir el momento haciendo poco o ningún esfuerzo. Como resultado, impiden el desarrollo educativo de nuestro país.
Son tiempos en los que no sabemos como reaccionar. Además, un panorama que parecía relativamente claro ahora está nublado. Las escuelas se encuentran cerradas, pero no significa que debamos dejar de aprender. Si bien es cierto que la educación es un derecho, este suele ser desaprovechado.
Dejar de estudiar en estos momentos es equivalente a desaprovechar la oportunidad para un segundo malvavisco. Debemos convertirnos en una sociedad que no se conforma con gratificación momentánea, sino una que busca la excelencia y la optimización.
La cultura puede y debe cambiar. Los jóvenes deben aprender a aprender. Si, es una realidad que las infraestructuras y condiciones son menos que óptimas, pero el cambio depende de nosotros.
Querida generación contemporánea: cada momento es único y debemos vivirlo al máximo. El tiempo no vuelve atrás. Los deportes y pasar tiempo con nuestros amigos son de mucha importancia, pero los estudios deben ser igualmente importantes.
Lo admito, no tengo una licenciatura en ciencias o “contabilidad del tiempo”. No obstante, cualquier persona con sentido común debe reconocer que no hay mejor inversión que la educación. No lo hagas por nadie más que por ti. No desperdicies la oportunidad de invertir en tu futuro.
El autor es estudiante de secundaria y lidera el movimiento anti ‘bullying’ Ni Uno Más.