La Constitución de Panamá tiene 15 títulos y 328 artículos. A los distintos colectivos que promueven la constituyente, los exhorto a que las revisen, una por una, y publiquen, con su compromiso, cuáles son las modificaciones que impulsarían si llegan a recolectar todas las firmas. Es ingenuo pensar que no ejercerán influencia en la selección de los constituyentes y que el clientelismo que caracteriza todo proceso electoral no encontrará la manera de penetrar el proceso. Presenten sus propuestas a quienes le están pidiendo su apoyo.
No le pidan a la ciudadanía que haga semejante apuesta sin compromiso alguno. Si nuestra constitución fuera tan mala como dicen que es, no nos habría permitido lograr lo que hemos logrado en las últimas décadas. De ser tan mala, no tendríamos una variación de +747% en nuestro PIB real 2019 vs el año 1972, no tendríamos una variación de +194% en nuestro PIB real 2019 vs el año 2000 y no tendríamos una variación +69.8% 2019 vs el año 2010. Comparto el repudio por la corrupción con igual o mayor indignación que muchos, pero debemos ser serios en los planteamientos.
Es evidente que necesitamos reformas a ciertos componentes de la constitución, pero no necesitamos desecharla por completo. La mayoría quienes están impulsando estos movimientos de recolección de firmas para una constituyente tienen equipos de trabajo. Pongan a sus mejores mentes a trabajar y presenten sus ideas con claridad a la ciudadanía. No habrá mejor incentivo para el ciudadano que esta evaluando si firma o no.
No pensemos que un papel va a cambiar el comportamiento humano. Eso sería una enorme falacia. No olvidemos que ahí está la actual constitución, y se viola a diario, sin consecuencias para la élite política.
Debemos medir y palpar cuidadosamente el riesgo de que ante semejante proceso se puedan colar ideologías fracasadas, pero extremadamente populares. Ideologías dispuestas a prometer la universalidad del ‘todo’ para unos a cambio del trabajo y la productividad de otros, y a su vez otorgando el poder absoluto a unos pocos, que lastimosamente, bajo el manto de la ignorancia, pueden ganarlo en las urnas. ¿Estamos dispuestos a correr ese riesgo? ¿Sin al menos ver las ideas y el compromiso público de los colectivos que impulsan este riesgo? Yo no.
El autor es empresario

