¿Podremos encaminarnos a ensanchar la democracia, sin sujetos reflexivos, activos y críticos? ¿Podremos mejorar nuestra educación sin elevar los niveles de comprensión lectora? ¿Podremos romper el cepo que nos limita a ser fundamentalmente exportadores primarios, sin fomentar una ciudadanía creativa y productora que pueda potenciar toda la riqueza de nuestras mentes? ¿Podremos recuperar los sentidos de comunidad sin democratizar el habla en la sociedad?
Con estas interrogantes, un grupo de académicos y escritores, hombres y mujeres de las artes y las ciencias sociales del universo del libro que forman el consejo del Observatorio del Libro y la Lectura (OLL) en Chile, elevaron una carta a los siete candidatos y candidatas presidenciales, donde se les solicita y recomienda cómo incorporar en su programa de gobierno a la cultura, al libro y a la lectura.
Queremos citar textualmente un fragmento de la carta que acaban de recibir los candidatos a la presidencia en ese hermano país del Sur: “… la cultura juega un rol clave, tanto en su sentido amplio como en lo referido a las expresiones culturales propiamente tales (…) debemos reformular la manera de hacer política, debemos liberarnos de la cultura de la competencia, de la dominación, de la cultura patriarcal, de la cultura de la explotación de la naturaleza y de unos sobre otros…”
La misiva es enfática cuando expresa que la lógica extractivista dominante ha tenido efectos nefastos en la naturaleza, generando una gran desigualdad que está estrechamente vinculada a los déficits culturales y educacionales y a una mentalidad política que reduce la estrategia de desarrollo a una serie de índices macroeconómicos.
La epístola apunta a una serie de peticiones que ponen a la cultura, la lectura y el libro en un lugar relevante que van desde asumir los temas culturales, que son complejos, no con un listado de medidas, por más emblemáticas que puedan ser, sino con una estrategia sistémica que aborde todo el ecosistema cultural; pasando una acción pública en cultura orientada a generar una profunda democratización cultural, hasta promover una acción pública que propicie la transformación de las lógicas de dominio y depredación, por relaciones horizontales entre los humanos y con la naturaleza.
El documento considera que hay que fortalecer e implementar participativamente la política nacional de lectura; tener un fuerte plan lector que impulse las prácticas lectoras a través del país; crear iniciativas y proyectos de bibliotecas populares en poblaciones, barrios, sindicatos y universidades; promover y contribuir con programas de formación y desarrollo de una amplia red de monitores y/o animadores de lectura para apoyar la tarea de bibliotecas, clubes de lecturas, librerías y otros -particularmente en sectores populares- y en el ámbito educativo, y que se extienda a través de todo el territorio.
Seguimos citando de la carta: implementar un plan de fortalecimiento integral de la red de bibliotecas públicas, escolares, universitarias y comunales, tanto en infraestructura como en sus colecciones locales y acciones en favor de la lectura, mejorando especialmente las más frágiles y precarias. En favor de ello, desarrollar una guía de acciones ejemplares para estimular la lectura en las bibliotecas e incentivar su implementación, a través de la colaboración como mecanismos para fomentar la participación de la ciudadanía.
Por último, queremos resaltar que el Observatorio del Libro y la Lectura, de manera articulada con otros actores, identificaron numerosas brechas de recursos en el sistema de bibliotecas públicas. Las dos principales son el bajo presupuesto para adquisición de colecciones y la ausencia de presupuesto para contratar bibliotecarios profesionales en muchas bibliotecas comunales del país.
¿Por qué traemos a esta columna la cita de una carta dirigida a los candidatos de un país que no es el nuestro? ¿Qué tenemos en común muchos países del continente? ¿En qué nos parecemos tanto? Creemos que los fragmentos que citamos son pertinentes. Todos los países tenemos culturas distintas y diversas, y todos tenemos los mismos problemas desde la política. En términos de desarrollo cultural, estamos sumergidos en una caverna y parece que es imposible salir; tropezamos y damos tumbos sin hallar la luz. Algunos países, incluso el nuestro, tienen buenas acciones a favor de la cultura, pero las decisiones políticas también nos devuelven a la caverna.
No podemos evitar la preocupación. Si al Instituto Conmemorativo Gorgas le recortan el presupuesto, ¿qué se puede esperar para el sector cultura? Queremos hacer énfasis en nuestras bibliotecas públicas que, en la actualidad y en el marco de la celebración del Bicentenario, están en el más endeble y olvidado estado. Hoy día, en el escenario de la pandemia, en muchos países del continente, las bibliotecas sirvieron como espacio de resistencia y también generaron conocimiento que impactó en la ciudadanía. Las bibliotecas son espacios poéticos de construcción de ciudadanía donde las personas se reúnen para reflexionar, compartir y tomar decisiones. Sobre todo, las bibliotecas son la esencia de los derechos culturales de la gente. Solo por eso necesitan ser visualizadas, recuperadas y transformadas.
Solo nos resta desear que en nuestro país todas las organizaciones relacionadas con la cultura del libro y la lectura, públicas y privadas, nuestros académicos, intelectuales, editores, promotores, libreros, todos, nos uniéramos para escribir nuestra propia carta para rescatar nuestras bibliotecas y lograr consolidar una política de lectura, una ley del libro, una ley para las bibliotecas, un plan de lectura articulado y construido por todos. Solo así podremos salir de la caverna y caminar hacia la luz.
El autor es escritor
