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EDUCACIÓN

Una década del paradigma Ayudinga

Una década del paradigma Ayudinga
Johel Batista fundador de Ayudinga. Archivo

Una historia de solidaridad y de compromiso inicia en 2011. Hay compañeros de clase que tienen dificultades para comprender el sentido y el propósito de la matemática. Un chico de 14 años, decide hacer algo al respecto. Preocupado por sus compañeros de clase, empieza a explicarles conceptos matemáticos a través de videos, quiere contribuir a que aprendan. En una habitación de un hogar de clase media, un muchacho de secundaria, con una cámara, filma el primer video de Ayudinga. Johel Batista está convencido que vale la pena ayudar a la gente. Una década y 2524 videos después, con un alcance a cientos de miles de estudiantes, Ayudinga es la escuela virtual más grande de Centroamérica. Es una fundación cuyo nervio motor son los propósitos que orientaron el trabajo de Johel Batista, con el corazón, cerebro y esfuerzo de voluntarios que se hacen corresponsables del destino educativo de miles de jóvenes .

Ayudinga se caracteriza por no parecerse a nadie. No son clases de matemática en formato de video. Son espacios de colaboración que aportan contexto a los aprendizajes, haciéndolos pertinentes. Incluyen el humor y la empatía. Quienes ofrecen las clases son jóvenes, voluntarios todos. Llevan a cabo lo que mejor saben hacer: ayudar. Técnicamente, lo que hace la diferencia entre otras plataformas educativas y Ayudinga son los jóvenes maestros; la pertinencia de sus explicaciones; el uso de la herramienta del humor; el empleo de un lenguaje familiar para los usuarios y la estrategia de comunicación bidireccional con los beneficiarios. Enseñan con emoción . Al emocionar a sus alumnos cibernautas, logran que haya aprendizaje significativo. Ya no aprenden para el examen; aprenden para la vida. Se desmitifica que la matemática y las ciencias exactas son aburridas y complejas. Los profesores son chicos muy similares en edad a quienes aprenden con ellos. Hay mujeres haciendo la diferencia, dando clases, desmitificando la supuesta debilidad femenina en las ciencias exactas.

Ayudinga ha demostrado ser Resiliente. Pasa por embates. Viven una inundación. Pierden todo. Al comunicar a la sociedad lo ocurrido, de una aparente desgracia, nace una oportunidad. Ayudinga se convierte en un actor conocido y querido del panorama social. Se pone en pie gracias a las donaciones de personas y de empresas que valoran el esfuerzo de Jóvenes con propósito y determinación. En este nuevo escenario, tienen la oportunidad de ser una fundación. Se trata de la primera personería de una fundación expedida a directivos tan jóvenes . Su rol, tras el cierre del año lectivo 2020, es crucial.

Justo al día siguiente del cierre de clases, Ayudinga dice presente con el inicio de transmisiones en vivo. Aceptan el desafío de ofrecer clases en periodos de tiempo más largos y en directo. Hay clases en horarios múltiples para diversos niveles educativos. Son 943 periodos de clase en vivo. Con el firme apoyo de los medios de comunicación, logran llegar a una gran cantidad de estudiantes que tienen limitaciones para acceder y ejercer su derecho a la educación. El acto heroico de unos jóvenes, quienes desde Panamá, ofrecen clases de manera masiva en condiciones tan difíciles, queda para la historia en el contexto de una crisis educativa mundial inédita en al menos los últimos 100 años. En medio de un gran reto, los chicos de Ayudinga demuestran que siempre habrá respuestas, cuando hay voluntad. Su sentido de propósito implica trabajo voluntario, compromiso, solidaridad, resiliencia y, sobre todo, una profunda fe en el ser humano.

El paradigma Ayudinga nace de la solidaridad y se construye desde la fidelidad a los principios y valores. Se cimenta desde la fe y la valoración del derecho a la educación , como un derecho humano fundamental. La acción educativa de Ayudinga nace desde el amor. Quien educa con amor, seguro que cosecha. Quien forma desde la fe en quien educa, lo hace en la confianza en otro ser humano. Los chicos de Ayudinga han mostrado, una fe y un amor inquebrantable por la niñez y la juventud. Una década después, aún en las condiciones más adversas, son leales a su lema: gente ayudando gente.

La autora es mentora de Jóvenes Unidos por la Educación


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