Hoy en día, existen excelentes programas de motivación de niñas y jóvenes hacia profesiones científicas. Sin embargo, en Panamá y en América Latina, las mujeres ya son mayoría en la casi todas las carreras universitarias, incluso en las ciencias, a excepción de ingenierías e informática. La amplia brecha entre hombres y mujeres inicia durante los estudios de doctorado y continúa durante la carrera profesional, a lo largo de la cual la proporción de mujeres disminuye y la de hombres aumenta.
Las mujeres representan menos de un tercio en los estudios posdoctorales y puestos de alta responsabilidad. A nivel mundial, tienen 19.5% más probabilidad de abandonar una carrera en investigación científica que sus colegas hombres.
¿Cómo las mujeres enfrentamos obstáculos particulares a lo largo de nuestra trayectoria profesional que no afectan de igual manera a los hombres?
En 2018, un estudio en Panamá entrevistó a científicas exitosas y demostró que entre las que tienen familia propia o bien la pareja las apoya en su carrera y se reparten equitativamente las responsabilidades de la casa y la familia o bien la relación termina. Los datos del INEC indican que en Panamá, en promedio, las mujeres dedicamos el doble de horas al trabajo del hogar y de cuidados que los hombres, y que los hombres reciben mayor salario por igual trabajo ¿Por qué no esperamos más de nuestros compañeros y demandamos políticas que los ayuden a ponerse a la par en el hogar?
Se necesitan mejores políticas públicas, como licencias de maternidad y paternidad; pero la cultura también debe cambiar. Con el tiempo, el porcentaje de mujeres profesionales se ha incrementado; sin embargo, los hombres no han incrementado proporcionalmente sus responsabilidades familiares.
La presión social exige ser madre, esposa, ama de casa y profesional ejemplar; mientras que la de los hombres, sólo el éxito profesional y “ayudar” en la casa. Para disminuir la brecha de género en ciencia y en la toma de decisiones de alto nivel, el énfasis ya no debe ser inspirar a las jóvenes, sino apoyar a las profesionales. La prioridad no ha de estar ya en lo que podemos o no hacer como mujeres profesionales; sino en lo que esperamos de nuestros hombres como parejas, como colegas y como ciudadanos.
Las autoras son afiliada al ICGES, miembro del Global Young Academy y, afiliada al INDICASAT y especialista en género respectivamente
