Una frase célebre, principalmente de la sociología, casi metodológica, son las famosas aproximaciones sucesivas. Esto significa que nos acercamos al objeto o sujeto de conocimiento y transformación, poco a poco, hasta que vamos develando lo que está oculto tras la apariencia de algún fenómeno social, sanitario, educativo o económico. En un contexto de pandemia, la planificación del Estado o de cualquier sector del desarrollo, no importa si es iniciativa privada, se trastoca al pasar de una realidad proyectada típica en materia de crecimiento económico y desarrollo social, a navegar en la incertidumbre que nos obliga a hacer camino al andar y, como decía Ilya Prigogine, premio Nobel de química 1977, a reconocer que la receta única en la que siguen creyendo muchos analistas políticos les ha llegado el fin de su certidumbre. La pedagogía de lo incierto y la tasa de fallo como medida de éxito, nos lleva a concluir que, independientemente de la agenda de progreso trazada, hoy para muchos críticos, al ver el panorama después de un breve tiempo transcurrido, donde hay más respuestas que al inicio, presentan un análisis político que resulta interesante, porque transmiten una sensación de seguridad comparable con el proselitismo religioso, de aquellos que enrolan adeptos, criticando otras creencias, sin proponer algo radicalmente nuevo.
Al escuchar el análisis personalizado pos discurso de diferentes actores generadores de masa crítica, cabrían varias posibilidades, entre ellas, reconocer que se ha navegado en la incertidumbre, que las recetas únicas hubo que quemarlas, combinarlas, hacer nuevas; endeudarnos, invertir en solidaridad, cuyo retorno tal vez no vemos por cortoplacismo, o que dejó de crecer la pobreza extrema, y que hubo contención para un gasto focalizado que permitiera mostrar los indicadores de hoy en materia de manejo de la pandemia. Y como aquel que no es profeta en su tierra, Panamá ha recibido un amplio reconocimiento internacional en el abordaje sanitario por su robusto proceso de vacunación a prueba de escépticos, de orgullo nacional y hecho en casa. Colijo, además, que hay una negación a reconocer el importante salto cualitativo a nivel tecnológico y de inteligencia artificial que no tiene reversa ni en salud ni en educación ni en tramitología del Estado, y esta reticencia ante la virtud que puede haber en un proceso que se ha construido desde la base misma de la sociedad, deja en el imaginario colectivo una masa crítica que opaca el propósito de muchos panameños y panameñas, ya sea desde el liderazgo institucional o desde el voluntariado, que han visto los cambios y valorado su propia contribución, en el objetivo único de engrandecer más a Panamá.
Soy un consumidor de información de medios y considero que, al politizar el acto pedagógico, debemos buscar en todo momento el justo medio, partiendo del reconocimiento de lo bueno, no solo de lo que interpretamos como lo malo y lo feo, y esto porque la luna tiene varias caras: la que sabemos que sabemos, la que sabemos que no sabemos, pero hay una que no sabemos que no sabemos y es en esta donde se encuentra el desafío informativo, precisamente, por la necesidad, no solo de reproducir e interpretar, sino de proponer, para que la repetición en una sociedad mediatizada no se vuelva demostración, como decía Ignaci Ramonet en su obra Pensamiento único. Bajo esta perspectiva, en la fórmula 16 meses de pandemia dividido entre 24 de gestión, restando transición, menos curva de aprendizaje, la sindemia abrió la caja de pandora y salieron todos los males del mundo, lo que hoy nos representa la oportunidad única en la que podemos todos juntos edificar sobre la esperanza, para colocar a nuestro país por los siguientes 3 años bajo un nuevo contrato social, endosando una renovada hoja de ruta bajo la certeza de lo expresado por Shakespeare, para ya no más algunos se eleven por el pecado y otros caigan por la virtud.
El autor es sociólogo, máster en salud pública y en participación y desarrollo; doctor en ciencias, educación social y desarrollo humano

