Una encuesta revela que un 40% de los panameños elegiría a Martinelli como presidente de la República. También dice que un 26% no se siente identificado con ningún partido político, y que un 29% se identifica con el PRD. Si bien es cierto que las encuestas retratan un momento concreto y que muchas veces nada tienen que ver con los resultados, aun así, los números asustan.
Parece que las simpatías de los votantes se basan en la desmemoria de la corrupción y su interiorización como un hecho normal y sostenible en el tiempo, vía “clientelismo”.
Sumado a eso, una aparente aceptación del “robó pero hizo”, santo y seña de todos los gobiernos hasta la fecha, demuestra la falta de criterio que azota a nuestro país. Los políticos han conseguido que la perversión de la democracia y el desgaste de las instituciones sea su garantía de reelección.
Toca resistir haciendo pedagogía. Aunque los números reflejen que los electores son necios, olvidadizos o tan corruptos como sus elegidos, no podemos dejar de decir que no habrá futuro si seguimos haciendo las mismas elecciones, escogiendo a aquellos que se han asegurado que el servicio público sea una de las mejores formas de medrar a costa del dinero público.
No olvidemos que la plata del Estado es de todos y que nuestros elegidos quieren que creamos que no es de nadie, y que por eso merece que se la roben. Desconocer cuánto gana uno no es humildad, es arrogancia clasista y un indicio de que hay tanto descontrol que es fácil subirse el sueldo y robar sin que a nadie le importe.
El voto es libre y secreto, claro, estamos en democracia, pero como sigamos eligiendo a los de siempre, terminaremos pagando por vivir en un país de políticos ricos que nos consideran, única y exclusivamente, un “objeto votante” que les mantiene en su silla para seguir riéndose de nosotros con los bolsillos llenos de nuestro dinero.
El autor es escritor

