Los seres humanos empiezan a experimentar emociones desde su nacimiento. Van en aumento a lo largo de su crecimiento. Las emociones coadyuvan a facilitar la adaptación al entorno que nos rodea. No existe un momento más promisorio para canalizar las emociones que en el proceso de formación de los niños.
La educación emocional en las aulas de clase debería ser una actividad cotidiana. A la fecha, no ha sido un objetivo prioritario en la educación panameña. Cada día es más evidente la violencia en las escuelas, el bullying, la depresión y ansiedad de nuestros niños.
A pocas semanas de dar inicio al periodo escolar 2020, existen muestras claras que muchos de los factores que inciden en el aprendizaje de los estudiantes son conflictos existenciales como la falta de la figura paterna o materna, la baja autoestima, la violencia doméstica, la falta de empatía, la depresión, entre otros.
Son urgentes las estrategias de prevención y alfabetización emocional a través del sistema educativo. La educación emocional es una respuesta a un déficit en la formación básica del ser humano.
Es preciso desarrollar habilidades emocionales tempranas en la vida. Sabemos que en algún momento requeriremos utilizar nuestras competencias emocionales.
De acuerdo al doctor Daniel Goleman, psicólogo estadounidense, autor del libro Inteligencia Emocional, “ser emocionalmente alfabetizado es tan importante como aprender a leer, a escribir e instruirse en matemáticas”.
Dicho esto, no cabe duda que somos seres racionales, pero nuestras emociones pueden pesar más que nuestra razón y ser determinantes en nuestro desarrollo como seres humanos. No está demás decir que la educación emocional es responsable del 80% del éxito en nuestra vida.
Urge instaurar un espacio en los centros educativos que facilite al estudiantado el correcto manejo de las emociones. Es una forma de adelantarnos a las dificultades y de no esperar a que se den incidentes dramáticos en nuestros niños y jóvenes como intentos de suicidio, autolesiones, depresión, consumo de drogas o delincuencia, para entonces intervenir.
Todos debemos hacernos parte de esta causa. La educación emocional y el manejo correcto de las emociones constituye una herramienta para el mejoramiento de nuestro sistema educativo, teniendo siempre presente que, un estudiante es emocionalmente competente, cuando sus necesidades de convivencia, aceptación, y pertenencia están totalmente cubiertas.
Luchemos por más educación emocional: tendremos un país con ciudadanos mejor avenidos y más dispuestos a trabajar por el bien común. Educar la emoción, es darle fuerza al ser humano para alcanzar su potencial.
El autor es egresado del LLAC y miembro de Jóvenes Unidos por la Educación.
