El 2020 fue un año diferente para todo el mundo. Fuimos golpeados por una pandemia de un virus que ha cambiado la manera de vivir para todos los habitantes del globo terráqueo, se han vivido experiencias nunca antes vistas y hemos tenido que amoldar nuestras viejas costumbres a las nuevas normas de seguridad para poder subsistir del virus. La pandemia de Covid-19 representa una crisis de salud global masiva. Debido a que la crisis requiere un cambio de comportamiento a gran escala y supone una carga psicológica importante, se pueden utilizar los conocimientos de las ciencias sociales y del comportamiento para ayudar a alinear las obligaciones de las personas con las recomendaciones de los epidemiólogos y expertos en la salud pública.
Pero este mal ha abierto una puerta donde han aparecido los más bajos comportamientos que un ser humano pueda presentar, se ha perdido la decencia, el respeto, la honestidad y, sobre todo, los valores cívicos y morales. Hemos visto el verdadero ser que tiene una gran cantidad de personas. Panamá no escapa de esta fea realidad. Una parte de la sociedad panameña ha sacado a relucir sus más bajos aspectos en comportamientos; vemos a personas incumpliendo con las normas de salubridad impuestas por el Minsa, agrupándose en reuniones conocidas como “parking”, exponiéndose todos a un contagio masivo y sin importar las consecuencias que eso pueda causar. No les importa nada y le dan prioridad a sus diversiones.
Igual vemos a algunos comerciantes que abusan con las especulaciones, aprovechándose de las necesidades del ciudadano en adquirir los implementos de primera necesidad. Inescrupulosos seres que solo piensan en sus ganancias sin importarle nada a su alrededor; ellos piensan solo en sus bolsillos. No podemos dejar por fuera a las autoridades y políticos, que se aprovechan de la pandemia para ejecutar sus fechorías: sobrecostos en las compras para la vil rebusca.
Para terminar, el juega vivo en la vacunación programada en el Minsa. Personas que no tenían que vacunarse se vieron beneficiados, sin importar las reglas establecidas por el Minsa. Las autoridades saben quienes fueron pero, como siempre, no hacen nada. Muchas cosas dice el presidente Cortizo que se van a realizar, pero nada se cumple en sus subordinados; como que sus palabras no tienen autoridad. Las cosas no se están manejando como deben ser y lo más importante es que nunca pasará nada.
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