Finalmente, llegaron las vacunas que tanto nos habían estado prometiendo para finales de julio. Desde febrero, ha sido un lamento casi constante sobre lo mal que se estaba haciendo todo por no vacunar a mayor velocidad. El Minsa fue claro en decir que no se contaba con suficientes vacunas para suplir la demanda, lo cual causó todo tipo de quejas enfocadas en cómo se debía hacer para resolver el problema. De repente, la mayor parte de los panameños sabían más de distribución y adquisición de medicamentos que personas que han trabajado por años en el desarrollo de vacunas con las empresas más prestigiosas del mundo en ese tema.
Teniendo vacunas, teniendo quien las aplique y teniendo una población que tiene disciplina de vacunación, parece contamos con la combinación perfecta para realmente acelerar el proceso que nos lleve a un alto porcentaje de población cubierta y volver pronto a lo más parecido posible a nuestra rutina de vida antes de la pandemia. Que en los tres primeros días se vacunaran un cuarto de millón de personas es el mejor ejemplo de que hay un genuino interés en salir de este enredo.
Sin embargo, aunque parezca mentira, sigue habiendo quienes se han montado una película de terror alrededor de la vacunación. Algunos siguen la irracional agenda antivacunas que tanto daño ha hecho en el mundo durante los últimos treinta años, y a otros simplemente se les ha soltado alguna tuerca, posiblemente como consecuencia del encierro prolongado que ha provocado la pandemia.
Los más originales de todo me siguen pareciendo los que insisten que las vacunas son parte de una agenda malvada que llaman “nuevo orden mundial”, tramada por los Illuminatis y los masones, que pretenden inyectarnos chips con el objetivo de controlarnos a través de la señal de las antenas 5G de los sistemas celulares. Hay que reconocerle a esta gente que tienen una imaginación muy fértil. Estoy seguro que escribiendo libretos para películas de ciencia ficción pudiesen hacer una carrera interesante. Resulta que en este grupo están personas como Bill Gates, George Soros, los Clinton, los Obama y quien sabe cuantos más. Esos Illuminatis tiene como plan maestro controlar a la humanidad a través de señales celulares de última generación. Con eso sabrán todo lo que hace cada persona que haya recibido la vacuna. Como si Bill Gates y toda esta gente no tuviesen nada más útil que hacer en su vida que andar escudriñando las locuras que se le ocurran a algún abogado panameño empapelado.
La última que se inventaron es que las vacunas contienen grafeno (un derivado del carbono utilizado para aplicaciones médicas e informáticas), que, cuando sea estimulado por las ondas 5G, comenzará a desplazarse por el cuerpo y destruir los órganos internos. Han hecho unos “experimentos” donde comprueban que tienen características magnéticas en la piel, una vez vacunados. He visto quienes atraen monedas, cuchillos, tenedores y hasta machetes, con el brazo donde se aplicaron la vacuna. Mi consejo para estos “magnetos humanos” es que vayan a un banco y cuando estén tapizados de “martinellis”, salgan corriendo. Este fenómeno tiene dos posibles explicaciones: que el cuerpo tiene una serie de átomos con cargas eléctricas que producen campos magnéticos o que simplemente llevan varios días sin bañarse.
La otra especie de cuestionadores de la vacunación son los que se erigen en defensores irrestrictos de la libertad individual. Los representates más conspicuos de este grupo son abogados y libertarios (o la combinación de ambos). Basados en artículos, códigos, decretos o simples opiniones, tachan de “atrocidad” la “dictadura de las batas blancas que pretende dividir a la sociedad en vacunados y no vacunados”. Cuestionan que se exija la vacunación como requisito para acceder a ciertos lugares o que se tome como correcto el atroz concepto de que el bienestar colectivo debe privar sobre el individual.
Independientemente que a los médicos nos parezca absurdo que el capricho de no vacunarse o no usar mascarilla pueda costarle la vida a otras personas y que ese discurso pueda sonarles “repetitivo, cansón, molesto, parsimonioso, irreverente, indigno e irrespetuoso”, se hace difícil defender una leguleyada contra medidas que claramente van a beneficiar a muchos, aunque implique la “sumisión” de cuatro pelagatos.
El último grupo que insiste en oponerse a los beneficios de las vacunas son los que escucharon o leyeron en alguna red social o en algún mensaje de WhatsApp lo que llaman “información científica”, que habla de cifras de efectos secundarios y complicaciones de la vacunación, completamente irracionales y sin ningún tipo de sustento en datos objetivos.
Ya se sabe de sobra que las vacunas en general, y las dos que tenemos disponibles en Panamá en particular, son tremendamente seguras y con altísima eficacia para lo verdaderamente importante, que es prevenir casos graves, hospitalizaciones y muertes. Como en todo proceso científico, el conocimiento se irá modificando, conforme se adquiera más información proveniente de ensayos debidamente controlados. Pero lo que no puede aceptarse de ninguna manera es que se siga mintiendo sobre la vacunación y más si al mismo tiempo se defiende el uso de medicamentos que han sido descartados desde hace meses por inútiles y peligrosos, pero que nuestras autoridades insisten en usar basados en supuestos “datos locales” que nadie ha visto y nadie ha publicado.
Como leí esta semana, “toda esa gente que se niega a vacunarse para que no los usen como conejillos de indias en un experimento, deben tener claro que el experimento comenzó hace rato, y ellos son el grupo control”…
El autor es cardiólogo.

