Finalmente, llegó la vacuna y el proceso de “ponerla en los brazos de la gente” comienza a coger velocidad. A estas alturas, está vacunado (al menos con una dosis) el personal de salud y buena parte de las profesiones de riesgo y personas encamadas. Poco a poco, la base de vacunación aumenta y esperamos que en unos meses podamos sentir que esta distopía que hemos vivido por un año es historia.
Como suele pasar, nunca falta algún “juegavivo” que trata (y hasta consigue) recibir la vacuna antes de su turno, de acuerdo a la programación establecida por el Minsa. En el mundo nunca dejará de haber esa gente, y al final deben ser vacunados también. Allá les quedará en su conciencia (si trajeron esa extra cuando nacieron).
Siempre he pensado que si hay algo en salud pública que Panamá sabe hacer bien, es vacunar. Tenemos experiencia en programas de vacunación y confío que eso permitirá que el programa fluya como está programado, según la disponibilidad de las vacunas que, en realidad, no depende directamente de las autoridades panameñas, sino de la velocidad a la que se pueda suplir una demanda cada vez más mayor.
Como hay que vacunar a la mayor cantidad de personas posible, es pertinente aclarar preguntas frecuentes, dada la impresionante cantidad de información confusa que cada día más gente se ha dado a la tarea de diseminar. Así que ahí van algunos puntos que percibo importantes.
Junto con el agua potable, las vacunas son el elemento que mayor impacto ha tenido en salud pública en la historia de la humanidad. Desde que en el Siglo XVIII se tomaran secreciones de las pústulas de las vacas (de allí el nombre vacuna), y se inocularan en personas para evitar la mortal viruela, han sido millones y millones de vidas las que se han salvado gracias a la vacunación. En 1977 ocurrió el último caso de viruela en el mundo, y se está a punto de erradicar la poliomielitis. Patologías que hace 50 años eran frecuentes, como sarampión, varicela, paperas o rubeola, son poco frecuentes gracias a los programas masivos de vacunación. Además, las vacunas contra influenza, papiloma humano, hepatitis, herpes y demás, han reducido las complicaciones derivadas de estas enfermedades. Así que los beneficios obtenidos son muy superiores a cualquier riesgo.
Hasta la fecha, se han aprobado por agencias regulatorias de Estados Unidos o Europa cuatro vacunas. Si bien no todas tienen la misma efectividad contra la infección, todas han demostrado ser excelentes para lo que más nos interesa: prevenir casos graves y muertes. Se están investigando otras, así que en unos meses seguramente tendremos por lo menos ocho o diez opciones para completar los programas de vacunación.
He recibido muchas llamadas de personas que preguntan si teniendo enfermedades previas, deberían vacunarse. Mi opinión es que, justamente por tener todas esas enfermedades previas, no pueden darse el lujo de no vacunarse. Cuanto mayor sea el riesgo de tener Covid grave y complicaciones, más necesario es evitar la enfermedad a toda costa.
Hasta el momento, los efectos secundarios son muy pocos y se limitan a dolor y enrojecimiento del sitio de aplicación y, en casos puntuales, malestar, fiebre y dolores musculares que se alivian con analgésicos suaves y que duran 24 ó 36 horas a lo sumo. Las escasas reacciones alérgicas responden a adrenalina y a antihistamínicos. Por eso, se recomienda que toda persona vacunada (y más aún si tiene historia de alérgias severas), permanezca unos 30 minutos cerca de donde recibió la dosis, en caso de requerirse alguna atención.
Todos los cuentos que circulan en las redes sobre los peligros de vacunarse, la manipulación del DNA, los chips 5G y que no han sido probadas en humanos, no tienen absolutamente ningún fundamento. Son simples teorías de conspiración que solo merecen ser vistas como un ejemplo de las tonterías que pueden ocurrírsele a algunas personas. Hay quienes aman las conspiraciones. Y cuanto más truculentas, mejor.
Hay dudas sobre si las embarazadas deben vacunarse. Hasta el momento, si bien no hay estudios específicos, con más de cien millones de personas vacunadas en el mundo, las mujeres que recibieron la vacuna sin saber que estaban embarazadas (mas de 20,000 registradas, solo por el grupo de Fauci), no parecen tener mayores complicaciones. Sin embargo, es preferible esperar resultados concluyentes antes de iniciar una campaña masiva de vacunación durante el embarazo.
Otra duda son los niños. De acuerdo con los estudios y la experiencia obtenida, no parece haber ningún problema en mayores de 16 años. Antes de esa edad, aún no hay resultados específicos, por lo que se les mantiene fuera de los programas hasta que haya evidencia de efectividad y seguridad.
Por último, otra duda es “cuál vacuna ponerse”. Basado en los resultados hasta ahora, lo más prudente parece ser ponerse la que esté disponible. Con la demanda que hay, va a ser difícil un sistema de “vacuna a la carta”, donde cada quien pueda escoger qué recibir. El Estado debe vacunar a la mayor cantidad de personas posible, con las vacunas que estén al alcance para controlar la pandemia. Así que mi consejo es que la mejor vacuna es la que le ponen a usted. Ni más ni menos...
El autor es médico cardiólogo