Este artículo es un llamado de atención a valorar qué es el fútbol para la gente, lo que representa y cómo debe interpretarse. Intentaré narrar la democracia del fútbol, la importancia del orden, disciplina, astucia, pasión, técnica, calidad y sencillez en el deporte rey.
Recientemente, los panameños hemos vivido momentos únicos en la clasificatoria al mundial de Qatar 2022, en medio de escandalosas situaciones políticas, fallos judiciales cuestionables e incremento de la inseguridad para locales y visitantes. Aun así, la Sele mantiene un sueño vivo: la oportunidad de ir a nuestro segundo Mundial, luego de haber estado prácticamente fuera. Si para el Mundial de Rusia los planetas se alinearon al final de esa clasificatoria, para Qatar se está anticipando ese alineamiento planetario gracias al esfuerzo, disciplina y estrategias tácticas implementadas en tiempo oportuno por la Fepafut, el cuerpo técnico y los jugadores.
Panamá suena actualmente. ¡Suena en el fútbol para bien! Viene de abajo, de tener fuera de alcance lograr ocupar la sexta plaza del hexagonal en 2019. Con la pandemia y el obligado cambio de formato de la clasificatoria de la Concacaf en 2020, iniciamos el camino que nos permitió entrar en el nuevo formato: la octagonal. Con un nuevo técnico que ha revolucionado el planteamiento estratégico en comparación al estilo regional. Con 8 partidos de 14, hemos logrado 14 puntos que nos ubican en el cuarto lugar de la tabla y a solo 2 puntos por debajo del líder.
A lo que vinimos. Hablemos del fútbol, nuestro fútbol, el que ha evolucionado hacia un estilo elegante, europeo, culto, irónico, brillante, pero manteniendo la esencia del barrio: la picardía. El fútbol no es un elemento efímero, marginal, superficial... Por el contrario, es un elemento de emoción popular que tiene la capacidad de involucrar a todos, sin distingo de estatus social, religión y cualquier otra condición de clasismo. Y esto hace del fútbol una fuente de poder para hacer dinero, controlar y manipular. En este sentido, para la afición, el fútbol es más que un deporte. Se convierte en una forma de relacionarse, en un integrador de socialización, en algunos casos hasta en una religión. Brinda identidad, ya sea local, nacional o internacional; esto lo vemos reflejado especialmente en los días que juega el equipo de tu preferencia, ya sea en una liga local o extranjera, pero principalmente cuando juega la selección del país en una eliminatoria o en un Mundial. La gente se viste de los colores de la camiseta preferida y llena espacios para consumir el fútbol: estadios, bares, salas, aportando un gran movimiento a la economía.
El fútbol es utilizado por la política gracias a su imperio mediático y poderío económico. Se ha convertido en una forma de entretener al pueblo y controlarlo para manejarlo fácilmente. Se siguen criterios de mercado en medio de un circo mediático que usa al fútbol como uno de sus agentes que envuelve a la sociedad actual. Puede representar la manifestación pública de valores, por ejemplo, la unión de un pueblo a través del equipo nacional. No nos dejemos engañar con ilusiones pasajeras que, aunque placenteras, pues nos llenan de “orgullo patrio”, no dejan de ser el pan y circo de los “emperadores” de turno, cuyo objetivo es que estemos pendientes de las posibilidades, resultados y posiciones y goles de los equipos que seguimos, que evitan que destinemos el tiempo necesario para reflexionar sobre lo que verdaderamente importa: los acontecimientos del día a día y el futuro de nuestra sociedad. Ante las posibles sanciones disciplinarias de FIFA y la necesidad de mejorar nuestro comportamiento colectivo en el estadio, para evitar gritos homofóbicos de la afición, se realizaron campañas mediáticas que demuestran el poderío exitoso del fútbol y su influencia en el comportamiento social.
El fútbol es un negocio muy lucrativo. Por eso, grandes empresas se convierten en patrocinadoras, son las que pautan, las que adquieren derechos exclusivos de transmisión. La mayoría de las veces, los valores deportivos han sido sustituidos por valores mercantiles. Tal vez por eso, la justa del Mundial apasiona más que una liga de cualquier país, pues no hay comercio en el intercambio de jugadores; los seleccionados sudan la camiseta por honor, orgullo e identidad, más allá de la retribución económica que puedan recibir. Hacen falta jugadores comprometidos en fomentar y mantener los valores deportivos y éticos que busquen elevar a la sociedad; jugadores que se atrevan a hablar del acontecer nacional y sean capaces de orientar a sus aficionados. También hacen falta aficionados que decidamos exigir más a los políticos que a los jugadores de una selección.
Nuestra Sele nos da esperanza, nos entretiene en medio de las vicisitudes que atravesamos como país. No todo es malo; hay enseñanzas que podemos extraer de este deporte soberano en nuestra aldea global. El sueño de ir al Mundial, una meta deportiva que une a todo el país, una meta común. Los nuestros han demostrado en los últimos partidos una capacidad de remontada sin precedentes. Tanto en el estadio Olímpico Metropolitano donde enfrentó a Honduras, como en el Rommel contra El Salvador, ¡se ha dejado claro que sí se puede! Ojalá esta demostración de unidad en tener una meta en común se haga eco en otros asuntos de la vida cotidiana contra los cuales hace falta luchar. Venir de abajo, perdiendo, y terminar ganándole a la corrupción generalizada que afecta el mundo y de la cual Panamá no se escapa, podría ser uno de los aprendizajes. Así, el fútbol nos puede ayudar a consolidar valores como solidaridad, equidad y compañerismo, para trazarnos metas comunes y alcanzarlas.
Es indiscutible la repercusión social que tiene el fútbol y cómo podría emplearse para mejorar algunas cosas. Fomentar la discusión de cuál político (diputado, alcalde o representante) es mejor que otro, así como discutimos acaloradamente la convocatoria del DT para cada juego basados en los rendimientos demostrados, nos beneficiaría como sociedad, pues en las elecciones nosotros somos el DT. Si todos nos volcáramos a atender las necesidades sociales como atendemos el acontecer de nuestra selección, obtendríamos resultados increíbles como los que va obteniendo nuestra Sele en su camino al mundial. Ahora nos toca a nosotros sudar la camiseta. Vamos Panamá, ¡que sí se puede!
El autor es arquitecto estructural
