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Verdades y utopías en la atención de salud en Panamá

Verdades y utopías en la atención de salud en Panamá

En muchas situaciones, las dicotomías simples no cuentan la verdadera historia. El sistema de atención pública de salud en Panamá no es ni totalmente malo ni totalmente bueno.

El trabajo abnegado de los médicos y enfermeras que laboran con las uñas y que ponen el corazón en lo que hacen, el robusto programa de vacunación nacional, el Hospital del Niño y, por supuesto, las contribuciones del Instituto Gorgas, son algunos ejemplos de los aspectos más encomiables de la salud en Panamá. Sin embargo, hay problemas profundos que en muchos casos están ligados a la corrupción, a la excesiva politización de los puestos directivos, a la inadecuada preparación de los que trabajan o administran la salud y, no pocas veces, a la desidia o a la desmoralización de quién navega en un barco que se hunde.

Con la perspectiva y limitaciones que me da la distancia, pero a la vez con la experiencia de casi 30 años de trabajo en el sistema, con múltiples gobiernos, presidentes y ministros, puedo describir, desde mi punto de vista, algunas de sus grandes limitaciones, con la esperanza de que las cosas mejoren en el futuro.

Quiero empezar por arriba. En primer lugar, un porcentaje muy alto de puestos claves en el Minsa y en la Caja del Seguro Social se manejan en base a la afiliación política y no necesariamente a la capacidad, experiencia o conocimiento de las personas. Posiciones netamente técnicas son renovadas cada cinco años o, aún más frecuentemente, si cambian al ministro o al director de la Caja. Las jefaturas de los servicios médicos de hospitales, clínicas y centros de salud en muchas ocasiones se reparten, no por concursos de mérito, sino por el apoyo que dio el elegido durante la campaña electoral o por relaciones familiares o amiguismo. Por estos cambios, muchos directivos viven en una curva de aprendizaje interminable.

La alternancia en el poder de los distintos partidos políticos garantiza la casi completa destrucción de lo planeado y adelantado por el gobierno anterior. Ejemplos de estas conductas destructivas las tenemos en la Ciudad Hospitalaria o en múltiples planes y proyectos que son abandonados por lo que yo llamo el “Síndrome de Deloin Goban” (forma abreviada de decir DEstruir LO INventado en el GObierno ANterior).

Los procesos de compras, a pesar de los controles y burocracia que ejerce la Contraloría, no están inmunes a la corrupción (por decirlo de algún modo). Y las carencias de medicinas, insumos y equipos son, en muchas ocasiones, la consecuencia de estos procesos viciados o lentos.

Los gremios y agrupaciones profesionales están más por defender sus derechos y casi nunca promueven el cumplimiento de los deberes de sus agremiados. Quizás por ser un país pequeño, donde todos somos primos de todos, nunca depuran sus filas de los flojos, incapaces o corruptos.

Son pocas las huelgas o manifestaciones iniciadas para mejorar la atención de los pacientes y muchas para que les aumenten el salario o mejore esta o aquella prestación. Hasta acá puedo escuchar el silencio cómplice de gremios y sociedades médicas, que durante la pandemia ni siquiera han regañado a los malos profesionales que se han dado a la tarea de divulgar disparates peligrosos o falacias.

Hay que decir las verdades aunque duelan. Un número importante de colegas en los centros de atención y hospitales públicos no hace su trabajo como debiera. Llegan tarde o se van temprano y muy frecuentemente hacen ambas cosas. Algunos que trabajan con internos, residentes y estudiantes ni siquiera dedican el tiempo necesario para enseñarles y los usan como instrumentos para sacar el trabajo que deberían hacer ellos. Y los jefes no le ponen o no le quieren poner el cascabel al gato, ya sea por no sentirse con la autoridad moral (por ser nombrados “de a dedo”), por la injerencia de la política (hoy estoy yo arriba, pero mañana estarás tu) o simplemente porque, como dije antes, somos todos primos, amigos o parientes.

¿Qué se debe hacer? Las soluciones que voy a proponer, lo reconozco, son totalmente utópicas en el Panamá de hoy. Pero igual las comentaré, como decía un buen amigo, “para sacármelas del sistema”.

Primeramente, hay que distanciar la política de la salud. Los planes y programas deben trascender a los gobiernos de turno. Los puestos técnicos, las jefaturas y direcciones deben abrirse a concurso de mérito y no pueden ser manejadas en base a favores electorales o repartirse como dulce en cumpleaños.

Los médicos que trabajan en los hospitales y centros de salud pública tienen que rendir una jornada laboral de ocho horas. Durante esas ocho horas deben cumplir sus funciones de atención a pacientes, educación, capacitación, investigación (los que puedan) y actualización médica, en sus puestos de trabajo. Deben ser médicos institucionales, adecuadamente remunerados, para que no necesiten trabajar en el sistema privado de atención, pues eso crea un claro conflicto de interés. Y los médicos y otros trabajadores de la salud deben convertirse en ejemplos de conducta ética, defensores de sus pacientes y garantes de que sus colegas y el nivel administrativo-político hagan las cosas como debe ser .

El Minsa se tiene que poner los pantalones y cumplir con su misión rectora, tomar decisiones basadas en la mejor evidencia y nunca por el valor político o populista de la decisión.

Los gremios y agrupaciones médicas no deben sólo velar por sus propios intereses, sino por el interés de los pacientes y pelear duro por eso también. Quiero ver amenazas de huelga para reducir la mora quirúrgica o el desabastecimiento de medicamentos, o para exigir la capacitación de sus agremiados y exámenes que midan su competencia profesional.

Finalmente, la corrupción y lentitud en los procesos de compra requieren una revisión integral y, sobre todo, cambios profundos en la sociedad panameña y en la organización política del país. Tareas que dejo para los que están allá y pueden -mucho mejor que yo- sanar a un sistema que está enfermo.

El autor es médico, especialista en enfermedades infecciosas


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