Han transcurrido ya varias semanas desde la celebración de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, y como es de esperarse, existen diversas opiniones entorno a su alcance y éxito. Algunos hablan del fracaso de la cumbre para ofrecer una solución real a la crisis climática, otros rescatan el hecho que al menos el acuerdo final supuso, el reconocimiento de que los países están fallando colectivamente y que necesitan aumentar sus planes de recorte de emisiones de gases de efecto invernadero.
Independientemente de la valoración que cada uno pueda hacer de los resultados alcanzados en esta última cumbre de la COP26, e incluso de la asignación de probabilidad que se le de al fenómeno del cambio climático, hay algo que quedó muy claro, y es que el mundo de los negocios ya no será el mismo. Hay un consenso global entorno a la necesidad de acelerar la acción climática y los compromisos de cero emisiones se han convertido en un principio organizativo para los negocios.
Ante este escenario, no hay dudas de que las empresas deben asumir una gestión estratégica de los riesgos climáticos, que contemplen no solo las exposiciones ambientales, sino también los riesgos asociados de la transición hacia una economía carbono neutral, que incluye nuevas dinámicas competitivas, cambios tecnológicos y presiones regulatorias que puedan afectar las operaciones y rentabilidad de sus negocios.
Hablamos de identificar sus vulnerabilidades asociadas a los riesgos físicos del cambio climático. Ante una mayor frecuencia de eventos metereológicos extremos o al menos cambios en las condiciones actuales, es indudable el impacto que ocasionaría en la estabilidad de las operaciones de los negocios, y en términos agregados, en la dinámica económica y social de los países, sobre todo en los menos desarrollados.
Desde el punto de vista regulatorio, es previsible el incremento de las presiones regulatorias, ya que El COP26 reforzó los compromisos y estableció una agenda para los negocios globales, donde se espera una aceleración de la acción climática en la economía real. Las empresas deben ser capaces de actuar anticipadamente, con el objetivo de aprovechar las oportunidades regulatorias o minimizar un eventual impacto negativo.
La competencia también ha cambiado y aquellos líderes empresariales que pongan en práctica planes convincentes de descarbonización podrán distinguirse de sus pares, siendo la tecnología un factor clave en este juego.
Así es como para las empresas se abren oportunidades para innovar y liderar las acciones dentro de sus sectores y cadenas de valor; y solo quienes estén mejores preparados podrán capitalizar el apoyo de un consumidor cada vez más conscientes, responsable y exigente.
Estamos en presencia de un proceso global que está en marcha, donde día a día se abren nuevos capítulos, y la invitación es a prestar atención a las señales del entorno y anticipar los cambios, pues están mas cerca de lo que creemos. La clave será actuar con pensamiento estratégico, tomando decisiones, antes que las tomen por nosotros.
La autora es Coordinadora Adjunta del Centro de Sostenibilidad y Liderazgo Responsable del IESA

