Quizá privados de la magia que nos permitiría reconstruir el pasado con la misma y fugaz alegría con que lo vivimos en aquellos momentos incomparables, tal vez sea una gran suerte que la memoria esté en capacidad de evocarlo con su atmósfera encantada y cotidiana.
En ese tiempo yo llevaba a cuestas la percepción de un mundo mejor y solía visitar con relativa frecuencia la librería situada en la Plaza de Arango que atendía mi amigo Manuel Álvarez que tal vez por sus buenas artes de buen librero y lector, conseguía los libros que a mí me interesaban particularmente.
Mi amigo Nodier Jaramillo me cuenta que la librería funcionaba como una cooperativa de libros y era propiedad de Manuel Cano Llopis, inolvidable catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad de Panamá.
Con motivo de la Sexta Feria del Libro de este año, que termina hoy en Atlapa, he recordado la Primera Feria del Libro a la que asistí en la década de 1960, donde conseguí a precios irrisorios los primeros volúmenes de la obra de Vladimiro Mayakovski.
De la tercera Feria del Libro conservo intacto el obsequio que me hizo Cristian Font Calderón del maravilloso libro intitulado Rafael Alberti, el poema compartido, de cuya existencia solo está enterada una amiga mía que reside en el corazón de un gato.
