[EXTRACTO]

A vueltas con Venus y Marte

La industria farmacéutica no descansará hasta hallar la píldora rosa para mujeres que le dé la réplica a la pastilla azul cielo y romboide para hombres.

Hace una semana tuvo lugar en Lyon, Francia, un Congreso de la Sociedad Europea de Medicina Sexual en el que se presentó con entusiasmo un medicamento, la Fiblanserina, que podría representar El Dorado sexual de las señoras con la libido por los suelos. De acuerdo con científicos norteamericanos que han realizado estudios con esta droga diseñada para aliviar la depresión, todo indica que también contribuye a incrementar el deseo erótico femenino al alterar en el cerebro los niveles de serotonina, una sustancia que parece encerrar la llave de la felicidad vital.

Está clara la función fisiológica de la Viagra: se trata de un vasodilatador que facilita la erección del varón al aumentar el riego sanguíneo al pene. En cambio, la Fiblanserina no es un remedio para un mal tangible como podría ser, por ejemplo, la falta de lubricación, sino un cóctel químico que juega con los cableados cerebrales que provocan determinados estados anímicos. Es decir, cuando un hombre toma una Viagra está solucionando un problema de fontanería interna. Pura cuestión hidráulica. Sin embargo, cuando una mujer ingiere un antidepresivo para revitalizar su deseo ya entra en juego la modificación de su conducta.

Son dos cosas bien distintas hacer realidad un deseo que variar la falta de éste. A ver si nos entendemos: es encomiable que un hombre, incluso desafiando la ley de gravedad que se impone con los años, luche hasta el final contra la disfunción eréctil con la ayuda de la mágica pastilla azul. Entonces, ¿por qué no puede ser igualmente aceptable la ausencia de apetito sexual que millones de mujeres experimentan en la menopausia como consecuencia natural del bajón de hormonas que conlleva la falta de ovulación? Algo que también les ocurre a muchas madres después del parto, ocupadas en segregar a borbotones la oxitocina (la sustancia del afecto), para fijar el vínculo con sus retoños. Esta desgana carnal es frecuente tras la convivencia prolongada y la reserva con fecha de caducidad de las feromonas en flor se ve suplantada por muestras amorosas que terminan por ser el pálido reflejo de la tórrida nueve semanas y media.

Los promotores de la eventual aprobación de la Fiblanserina le están haciendo un favor a la legión de varones que aspiran a morir con las botas puestas. También es una alternativa respetable para reanimar largas relaciones o para aquellas mujeres que perciben su falta de deseo como una anomalía o disfunción sexual que deben reparar. Pero no debemos olvidar a las que viven el descenso de su libido como otra etapa más después de haber disfrutado de una vida sexual plena y activa durante muchos años. Para ellas la idea de una pócima rosa que provoca apetencias artificiales podría representar un vasallaje al que no quieren someterse.


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