Ser panameño tiene sus ventajas y delirios, pero al menos se tienen lindas fotos de la ciudad de Panamá. Fotos de una alta, brillante e imponente infraestructura que oculta el realismo ideal de una sociedad tercermundista que vive en el sueño utópico de primer mundo. Con una deuda pública que nos asfixia hasta en lo profundo de las pesadillas, una sociedad que trata de recuperarse en todos los sentidos de una devastadora pandemia que nos ha tocado a todos sin prejuicios ni discriminación, una pandemia que nos ha hecho repensar en el papel de la especie humana, de lo que es capaz el ser humano para superar la adversidad, de los logros y también para dejar al descubierto la carencias humanas, institucionales, morales y éticas.
Ser paciente de Covid-19 no es una vacación por estar en confinamiento y mucho menos para los que han tenido que recuperarse en un hospital. Aun más incómoda es la sensación de estar aislado por Covid-19 y leer en las noticias que siguen hermanos panameños perdiendo la batalla ante este terrible virus. Sin duda alguna, las vacunas han ayudado a las personas que han contraído el virus a tener una mayor resistencia; quizá sin estas vacunas, la historia hubiese sido diferente para muchos.
Tener un resfriado o presentar síntomas que podría ser Covid-19 convierte la tranquilidad del día a día en una agonía. Si se tienen los recursos monetarios para ir a un sitio privado para hisoparse, se hace; pero las personas que no cuentan con los recursos suficientes simplemente tienen que atenerse a las reglas del juego de los centros de salud públicos. Y aquí están las diferentes expresiones faciales de las dos caras de esta realidad. Al visitar un centro privado de hisopado, la sorpresa fue desconcertante, primero por los exorbitantes precios tanto del PCR como del examen de antígeno, y luego la sorpresa del por qué los dos precios del examen de antígeno. Si le metemos la puntita es un precio; si le metemos todo el hisopo es otro precio. Lógicamente el de la puntita, por ser menos invasivo, es más costoso. Por el precio observado, debe haber una alta demanda.
Cuando se detecta un paciente Covid-19, las personas alrededor, por precaución, deben hisoparse. La primera opción son los lugares habilitados por el Ministerio de Salud. Luego de haber llegado a las 7 de la mañana y hacer fila por más de una hora, aparece alguien del personal de seguridad con el oportuno anuncio que ya no hay más cupos; solo se dan 300 cupos por día y el que quería hisoparse tenía que llegar a las 3 de la mañana para hacer la respectiva fila y tomar un cupo. ¿Qué clase de insulto es este? ¿Qué país serio toma las medidas de control de esta manera? Entonces, si los cupos para Covid-19 por día son limitados por parte del Estado, ¿cómo se justifican las altas cifras de cada día? ¿Es el sector privado el que sostiene estas cifras? El negocio de hisopados es rentable en Panamá.
Curiosamente, en Panamá, hasta el momento no se venden kits de hisopados en las farmacias. Sí, son kits que funcionan con la saliva o el hisopo para desde casa salir de duda, sin tener que recurrir a las 3 de la mañana a la lotería de los hisopados o pagar altos precios en los sitios privados. Estos kits en otros países (República Checa), donde sí los venden sin discriminación, no cuestan más de $10, una tercera parte de los precios de las pruebas antígeno en Panamá.
Para terminar las vivencias panameñas, al ser paciente Covid-19 se debe llamar al 169. Luego de hablar con una de las asistentes se queda en lista de espera para recibir la posterior llamada de la autoridad responsable del corregimiento en el cual se vive. A los dos días, se recibe la pertinente llamada, pero resultó ser que era del corregimiento vecino y, por ser del vecino, el personal no podía gestionar la entrega de dicho medicamento. Por lo cual el paciente tenía que esperar la correspondiente y correcta llamada, llamada que no llegó y aún no llega luego que el paciente ha cumplido con el tiempo de cuarentena correspondiente. ¿Se intentó contactar al Minsa? Pues claro que sí, llamada tras llamada, el paciente nunca fue atendido: sino se caía la llamada al marcar, era el agotamiento del tiempo de espera, el cual era eterno. Quizá simplemente el paciente llamó en el momento equivocado. Pero sin duda alguna, ¡el Minsa nunca llegó!
El autor es geógrafo y doctor en cambio climático

