Este 3 de marzo se ha celebrado a nivel mundial el Día Mundial de la Vida Silvestre y, sin embargo, en Panamá los bosques arden, producto de la ambición por la producción agrícola y ganar espacios para el cultivo de hortalizas.
El tema enfocado este año son “Los bosques y los medios de subsistencia: sustentar a las personas y preservar el planeta“.
Según datos registrados, entre unas 240 y 350 millones de personas viven en áreas forestales o en zonas de amortiguamiento de parques nacionales, reservas naturales o muy próximas a ellas. En su gran mayoría, estas poblaciones son miembros de comunidades indígenas o rurales con una relación particularmente estrecha con esos sistemas naturales, muchos de ellos, mantenidos por muchas generaciones con una visión de uso, mantenimiento y protección de los Recursos Naturales. Este año CITES – Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres– ha querido poner el foco en la celebración de 2021 en estas comunidades.
Los servicios del ecosistema y los recursos que proporcionan los bosques y los terrenos boscosos, desde belleza escénica de la que dependen algunos países, caso Costa Rica y Panamá con el Ecoturismo y agroecoturismo, el filtrado y el almacenamiento de agua dulce para consumo humano y para garantizar la fertilidad de los suelos o para regular el clima, son esenciales para la economía local, regional e incluso mundial y para las personas en todo estos niveles.
La pérdida de biodiversidad, deforestación o los cambios del uso de suelo son algunos de los factores que están provocando una degradación de estos ecosistemas tan valiosos. Sin embargo, los bosques son un daño colateral más de la crisis económica y climática que amenaza no solo la vida de las especies silvestres sino también la del hombre mismo.
El objetivo de este día es apoyar la conservación y el uso sostenible de las especies y los ecosistemas forestales centrándose particularmente, en los conocimientos tradicionales y los medios de subsistencia de los pueblos indígenas y de las comunidades locales que contribuyen a ellos.
Es triste ver cómo, por ambición, falta de empatía, desconocimiento, las manos criminales (si esto es comprobable) dan al traste con los objetivos de desarrollo sostenible, en especial en un día como hoy, cuando se nos llama a la protección y uso sostenible de los recursos.
Esperemos que luego de las investigaciones se haga justicia a la propiedad estatal que nos pertenece a todos y que debemos estar dispuestos a defender a cualquier precio. Ya está bien de la impunidad en todos los niveles del quehacer en Panamá.
Ya que, luego de los incendios, la devastación es tal que tomará muchos años recuperar los procesos ecológicos que se llevan a cabo en nuestros ecosistemas naturales y lo peor, el riesgo de pérdida de especies que serán imposibles de restaurar.
Hay que hacer un llamado a la conciencia nacional de proteger y conservar nuestros ecosistemas altamente vulnerables, es un deber de todos como parte de este país bendecido por su biodiversidad y la presencia de ecosistemas únicos en nuestra región.
La autora es doctora en ecología