Lejos de las luces citadinas y el ‘smoke’, las estrellas son mucho más visibles durante la noche, que invita a una velada inolvidable.
A la hora que salimos el viento “picaba” las aguas del Parque Nacional Marino Golfo de Chiriquí y el trayecto hacia la isla Bolaños estuvo marcado por la tensión y la cautela.
Frente a la isla un fuerte oleaje golpeaba la playa y el capitán de la panga decidió desembarcar en un lugar conocido como playa Larga. Resultó ser un excelente sitio para acampar.
Otro paisaje obligado durante la acampada es ir hacia la parte de atrás de isla Bolaños, que se presta para ver el atardecer.
Lejos de las luces citadinas y el ‘smoke’, las estrellas son mucho más visibles durante la noche, que invita a una velada inolvidable.
Sin duda alguna, una de las delicias de acampar en playa Larga en Chiriquí es ver en el horizonte los primeros rayos de sol.
En general se puede apreciar un hermoso paraíso repleto de arenas blancas, tranquilas aguas turquesas y buena sombra.
Este es el macho de la reinita manglera y son comunes en manglares de ambas costas e islas de Panamá. Se pueden apreciar con toda la calma.
Para sobrevivir deben encontrar conchas vacías de moluscos para proteger su suave abdomen. También se conocen como ‘caricacos’.
La iguana verde es diurna, vegetariana y arborícola, aunque suele verse en tierra cuando está en época de reproducción.
Otro paisaje obligado durante la acampada es ir hacia la parte de atrás de isla Bolaños, que se presta para ver el atardecer.
Lejos de las luces citadinas y el ‘smoke’, las estrellas son mucho más visibles durante la noche, que invita a una velada inolvidable.
Sin duda alguna, una de las delicias de acampar en playa Larga en Chiriquí es ver en el horizonte los primeros rayos de sol.
En general se puede apreciar un hermoso paraíso repleto de arenas blancas, tranquilas aguas turquesas y buena sombra.
Este es el macho de la reinita manglera y son comunes en manglares de ambas costas e islas de Panamá. Se pueden apreciar con toda la calma.
Para sobrevivir deben encontrar conchas vacías de moluscos para proteger su suave abdomen. También se conocen como ‘caricacos’.
La iguana verde es diurna, vegetariana y arborícola, aunque suele verse en tierra cuando está en época de reproducción.
Otro paisaje obligado durante la acampada es ir hacia la parte de atrás de isla Bolaños, que se presta para ver el atardecer.
Se montó el campamento a la orilla de la vegetación, bajo la sombra de unos árboles. “Cuidado con cortar alguna rama, son manzanillos y la savia da picazón”, advirtió el guía Gilberto Ceballos, del Club Excursionistas del Istmo.
Aparte de una iguana, el lugar estaba solitario, mientras que una cuadrilla de cangrejos ermitaños formaba un “trepa que sube” sobre el cadáver de una almeja. La brisa refrescaba estupendamente y en la punta rocosa, la marea saliente dejaba atrás piscinas naturales llenas de erizos. La tarde se tornó noche entre risas y camaradería bajo un cielo brotado en estrellas.
Amaneció colorido y fresco. Los ermitaños entraban de turno, pequeñas aves visitaban el árbol de manzanillo y a lo lejos se escuchaba el grito de un cara-cara.
Bajo el agua, bordeando las piedras, el coral y los peces era pocos, algunos parguitos, peces loro y uno que otro pez mariposa. Un sendero cruza la isla hasta la “playa de atrás”, óptimo para ver el atardecer. La vegetación tenía el camino cerrado y se tuvo que “escalar” por la costa pedregosa para llegar. Esta playa es un manto de piedras por arena. De vuelta al campamento, la brisa había parado y el calor era sofocante, pero nada como un refrescante baño de mar para finalizar el día.