11 DE ABRIL
Soy panameño y me opongo a estas campañas que tratan de limpiar una imagen global a la cual hemos sido expuestos (caso de los Papeles de Panamá). Tenemos que aceptar que nuestro sistema de gobierno, desde hace muchas décadas, ha sido una cuna de corrupción y falta de una cultura social, que nos encierra en una esfera de cartón sumergida en las putrefactas aguas de nuestra contaminada idiosincrasia.
Aceptemos la vergüenza mundial, bajemos la cabeza y afirmemos que indirectamente la mayoría de los ciudadanos de la ciudad de Panamá se beneficia con el sistema financiero de nuestro país. No es casualidad que gocemos de altos lujos, tan acostumbrados, que ni osamos en darnos cuenta de ello. Este tipo de empresas, movimientos ilícitos y otras acciones sinvergüenzas del ámbito empresarial de nuestra sociedad se constituye directa e indirectamente del lavado de dinero.
Nuestros gobiernos dejaron que dichas transacciones operaran bajo el territorio panameño, al permitirlo se puso en juego el nombre del país y en efecto ocurrió. Panamá sí es más que papeles y magnates corruptos, pero que mal momento para salir con una canción tropical a decirle al mundo que somos un paraíso terrenal y no fiscal. Aceptemos nuestra falla y procuremos ser menos “juega vivo” y luego alcemos con orgullo las demás proezas de nuestro istmo.