Sofás con sacos de dormir, un candado en la entrada: activistas estadounidenses ocupan la Embajada de Venezuela en Washington para impedir la llegada de la delegación del presidente encargado Juan Guaidó, reconocido por Estados Unidos como presidente interino, después de que los últimos diplomáticos del régimen de Nicolás Maduro perdieran su estatus.
El edificio de cuatro plantas ubicado en el elegante barrio de Georgetown permanece casi vacío y cerrado al público, después de que la mayoría de los diplomáticos dejaran el país tras perder su estatus, cuando Estados Unidos se convirtió en uno de los primeros países -de los más de 50 en la actualidad- en reconocer a Guaidó, jefe parlamentario que se proclamó presidente encargado el pasado 23 de enero.
Medea Benjamin
Militante de Code Pink
Los últimos funcionarios que quedaban oficialmente como emisarios extranjeros, por ser representantes ante la Organización de Estados Americanos (OEA), se irán en los próximos días, después de que el 10 de abril la entidad decidiera (por 18 votos a favor) aceptar al enviado de Guaidó, Gustavo Tarre, como representante de Venezuela hasta que haya nuevas elecciones.
La fecha límite para que la delegación de Maduro abandone el edificio es el 25 de abril, pero los activistas aseguran que no se moverán de allí. Su objetivo, según la organización Code Pink, es evitar que “la oposición venezolana tome el edificio diplomático que pertenece al gobierno electo” y, para ello, organizaron “una vigilia las 24 horas, los 7 días de la semana para proteger la embajada”.
La resolución de la OEA considera que el gobierno de Maduro, quien el 10 de enero asumió un segundo mandato, “carece de legitimidad” y por lo tanto también los funcionarios nombrados por él.
Los activistas, que cuentan con la anuencia del Gobierno, organizan actos culturales y se turnan para permanecer en el edificio. Algunos vienen de otras ciudades estadounidenses.
Dentro de la embajada, los despachos parecen haber sido abandonados con premura. Aunque muchos de los discos duros de los ordenadores ya no están y los archivadores fueron vaciados, en los escritorios se acumulan pilas de pasaportes.
Los despachos vacíos están decorados con retratos de Simón Bolívar, el fallecido presidente Hugo Chávez y Maduro. En los sofás, hay sacos de dormir de los activistas.
En uno de los muros cuelga un afiche con el logo de Citgo, la filial de la petrolera estatal venezolana Pdvsa, que quedó aislada de su matriz por las sanciones impuestas en Estados Unidos.
En marzo, Carlos Vecchio, designado por Guaidó como su embajador en Washington, anunció la toma del control de tres sedes diplomáticas, incluyendo la de Nueva York.
