Una ciudadana rusa que construyó una poderosa red de contactos republicanos a través del lobby de las armas en Estados Unidos y que llegó al círculo cercano de Donald Trump, admitió ayer jueves haber actuado como una agente extranjera de forma ilegal.
Maria Butina, la primera rusa condenada por los casos derivados de la interferencia de Moscú en las elecciones presidenciales de 2016, enfrenta hasta seis meses de prisión y una probable expulsión.
Los fiscales dijeron que lanzó un plan en marzo de 2015 para desarrollar lazos con el Partido Republicano con el objetivo de influir en la política exterior de Estados Unidos.
También dijeron que trabajó junto a su novio estadounidense, operador republicano y miembro de la Asociación Nacional del Rifle (NRA), Paul Erickson, para llevar a cabo el plan.
El complot fue guiado y financiado en parte por Alexander Torshin, un aliado del presidente Vladimir Putin y vicegobernador del banco central ruso.
