Los actores religiosos siempre han tenido algún nivel de vinculación con la vida política en Panamá, y uno de ellos son las iglesias evangélicas, que desde finales de 1980 han ido ganando cada vez más fieles y constituido una minoría significativa con el 19% de la población hasta el año 2014.
Así lo señala el estudio “Las iglesias evangélicas en Panamá: Análisis de la emergencia de un nuevo actor político”, efectuado por Claire Nevache, investigadora del Centro de Iniciativas Democráticas.
Según Nevache, al igual que en otros países de la región, los evangélicos panameños se han involucrado en la política, con el fin de conquistar un espacio en el proceso de toma de decisiones, “buscando paridad con la Iglesia católica”.
El estudio detalla que en Panamá los evangélicos han incursionado en la política desde el período de la dictadura hasta la fecha.
De acuerdo con la investigadora, en 1993 se fundó el partido de tendencia evangélica Misión de Unidad Nacional (MUN), pero fracasó tras obtener 9 mil 120 votos, el 0.85% de la elección presidencial de 1994.
Nevache indica que en las elecciones de 2004 los evangélicos adoptaron otra estrategia política y se presentaron como candidatos en partidos ya existentes, y de esa manera lograron la elección de tres de sus miembros en el Legislativo: Vladimir Herrera (Molirena), Yasmina Guillén (Solidaridad), y Agustín Escudé (Partido Revolucionario Democrático).
La investigación demuestra cómo los evangélicos se incorporan de una forma diferenciada a la política, según el sistema del partido y el sistema electoral del país en el cual se desenvuelven.
Según Nevache, esto sucede en los países con un sistema de partidos menos institucionalizados, donde un umbral bajo para la entrada electoral o una historia reciente de democratización ha hecho que los evangélicos creen sus propios partidos. “Esto ha sucedido en Panamá, Perú y Nicaragua hacia 1994”, dijo.
Otra forma en que se incorporan los evangélicos al sistema político, según el estudio, es en un sistema en el que hay partidos más débiles, pero bien establecidos. En este punto, los evangélicos hacen arreglos con los líderes del colectivo para postular a sus propios candidatos con un sello reconocido y sin tener que lidiar con los costos de entrada al sistema, como competir con un nuevo partido.

NIVELES DE CONFIANZA
Basándose en resultados estadísticos del Barómetro de las Américas, de 2010 a 2014, la investigadora formula una hipótesis en la que indica que el desmejoramiento de las instituciones democráticas está correlacionado con un aumento de la confianza en instituciones representativas de un orden moral conservador.
Indica que para el período 2010-2014, los niveles de confianza generados por las iglesias evangélicas superaron los niveles de confianza de los partidos políticos y del Legislativo. Por ejemplo, señaló que en 2012 el nivel de confianza en las iglesias evangélicas estuvo cerca del de la Iglesia católica, pero sin superarla.
“Cuando la confianza en las instituciones decae, las iglesias evangélicas capitalizan esa confianza, y cuando la confianza en las instituciones se restaura, la confianza en las iglesias evangélicas vuelve a bajar”, destacó Nevache.
Apuntó que un ejemplo de que los evangélicos han ido ganando espacio es la creación del Partido Alternativa Independiente Social (PAIS) –en formación–, en el cual hay una fuerte presencia de miembros del Movimiento de Acción Reformadora (MAR), integrado por líderes religiosos y pastores cristianos.
Según el estudio, PAIS se reivindica como un partido no religioso, sino como un partido en el cual hay varios líderes religiosos, entre los que figuran en la primera Vicepresidencia Orlando Quintero y en la Secretaría General Horacio Freeman.
Además, el estudio indica que las reformas electorales de 2017 facilitaron la inscripción de nuevos partidos, ya que la cantidad de firmas necesarias para inscribir un colectivo en el Tribunal Electoral (TE) bajó de 74 mil 168 a 37 mil 84.
En la actualidad compiten por inscribirse otros partidos, como el Frente Amplio por la Democracia (FAD), la Unión Nacional Independiente (UNI) y el colectivo Alianza, entre otros.
José Alberto Álvarez, quien es presidente de PAIS, al comentar sobre el estudio indicó que en Panamá y en otros países de la región algunos sectores religiosos, como los evangélicos, se han dado cuenta de que “no pueden dejar las cosas más importantes, como es la función de administrar un país”, en manos de los partidos tradicionales.