CARRERA A LA CASA BLANCA

Barack Obama y Bill Clinton, en campaña

Las dos figuras del Partido Demócrata refuerzan la figura de Hillary Clinton mientras se recupera de una neumonía.

Barack Obama y Bill Clinton, en campaña
El presidente estadounidense, Barack Obama, es una de las figuras seleccionadas para que Hillary Clinton obtenga un apoyo significativo para llegar a la Casa Blanca.

Mientras continúa el alboroto en torno a la neumonía de Hillary Clinton, obligada a descansar por prescripción médica, el presidente Barack Obama se lanzó a hacer campaña por ella ayer en Pensilvania y su marido Bill Clinton la reemplazará inmediatamente después en California.

El equipo de la candidata demócrata precisó ayer que Clinton “se sentía mejor” y anunció que era esperada en Washington para una reunión con mujeres negras.

Desde hace siete semanas el presidente Obama, en el nivel más alto de popularidad según los sondeos, no realiza campaña por su exsecretaria de Estado.

En un acto público bajo un sol demoledor, pero en el que mostró su notable capacidad de orador, Obama dijo que Clinton había sido sometida en su vida a una vigilancia y un escrutinio sin paralelos en el país.

De acuerdo con el mandatario, su exsecretaria de Estado “ha sido sometida a más escrutinio y a más críticas injustas que cualquiera”, en una frase que desató una espectacular ovación.

“Necesito que trabajen tan duro por Hillary como lo hicieron por mí”, dijo el mandatario en referencia a su compañera de partido y candidata a la presidencia de Estados Unidos.

El presidente también aplicó una estocada directa a la gran prensa estadounidense, alegando que los medios terminaron por legitimar a un candidato como Donald Trump, a quien le permiten decir cosas vetadas a otros.

Trump “dice cosas todos los días que habrían sido consideradas descalificadoras para un aspirante a presidente. Y, sin embarco, solo porque él las dice una y otra vez la prensa acaba por rendirse”, acotó el mandatario.

Pensilvania, un estado donde el electorado conservador es tradicionalmente muy fuerte, constituye un bastión clave para las esperanzas de Clinton de llegar a la Casa Blanca.

En el otro extremo del país, Bill Clinton tiene la responsabilidad de sustituir a su esposa en actos de recaudación de fondos en los que ayer debía participar la candidata demócrata en Los Ángeles. También la reemplazará el miércoles en Las Vegas, Nevada.

El expresidente salió a la palestra para intentar limitar -torpemente- el alboroto provocado por la salud de su esposa, cuyo malestar atribuyó a una deshidratación.

“Frecuentemente; no, no frecuentemente, raramente, en más de una ocasión desde los últimos, numerosos, numerosos años, le ocurrió lo mismo, se deshidrató seriamente. Era un burro de carga en el departamento de Estado, y como senadora y desde entonces”, declaró el pasado lunes a la cadena CBS.

Hillary Clinton busca así recuperarse de la que muchos consideran la peor semana de su campaña electoral que se arrastra ya por 15 meses.

La semana pasada, había desatado un temporal al afirmar en un acto público que la mitad de los electores de Trump era “deplorable”, forzando a su equipo de campaña a verdaderos malabarismos de retórica para justificar la frase.

El pasado domingo, Clinton se retiró de una ceremonia en Nueva York, y posteriormente un cuerpo médico reveló que dos días antes ella había sido diagnosticada con una neumonía, enfermedad que la candidata y su equipo mantuvieron en secreto.

Cuando faltan 12 días para el primer debate con Trump y menos de 2 meses para la elección presidencial, Clinton, de 68 años, guardaba reposo en su casa de Chappaqua, al norte de la ciudad de Nueva York. “Se siente mejor y hoy piensa quedarse en su casa”, precisó uno de sus portavoces Nick Merrill. Clinton afirmó el pasado lunes de noche durante una conversación telefónica con la cadena CNN que se sentía “mucho mejor”.

También explicó que el pasado viernes había ignorado el “muy sabio consejo” de su médico de tomarse cinco días de descanso, pensando que podía continuar su campaña. “Evidentemente, aquello no marchó bien”, dijo.

Tras los problemas y la polémica por su estado de salud, Clinton -siempre a la cabeza de los sondeos de intención de voto a pesar de que la diferencia con Donald Trump se redujo (45.8% contra 43.4%, según la mediana de las encuestas de Real Clear Politics)-, intenta retomar la iniciativa atacando la falta de transparencia del candidato republicano.

“La gente sabe más de mí que sobre casi cualquier otra personalidad pública”, declaró Clinton en CNN. “Tienen 40 años de declaraciones fiscales, decenas de miles de correos electrónicos, una carta detallada sobre mi estado de salud, todo tipo de detalles personales”, agregó.

“Compárenlo con lo que saben sobre mi oponente. Es hora de que suministre la misma información que yo”, señaló, y recordó que Trump, de 70 años, no había divulgado la menor declaración de impuestos y que los datos sobre su salud se limitaban a algunas frases de su médico, y la promesa de que sería el presidente más sano de la historia.


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