La importancia de prevenir el blanqueo de capitales va más allá de negar el lucro ilícito a quienes lo emplean: no hacerlo puede coadyuvar a que se ejecuten ataques terroristas, como el del 11 de septiembre de 2011 en Estados Unidos (EU).
Ese día fallecieron unas 3 mil personas, víctimas de un ataque que costó unos $500 mil y cuyo financiamiento se logró a través de campañas de donación para caridad.
El dinero se movilizó en efectivo y por transacciones y depósitos en cuentas de EU y en el extranjero.
Así lo explicó Gregory Coleman, veterano agente de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés), especializado en investigaciones financieras, durante el segundo día del XX Congreso hemisférico para la prevención del blanqueo de capitales, financiamiento del terrorismo y de la proliferación de armas de destrucción masiva.
Grupos terroristas como Al Qaeda o Boko Haram utilizan los secuestros para pedir rescates, utilizando las monedas virtuales como pago o para usarlas como esclavas sexuales y cobrar el dinero en efectivo. De ahí, el dinero se puede movilizar a través de tarjetas de débito prepagadas, tarjetas de regalo o algunas de las 6 mil monedas virtuales que existen en el mundo, que aseguran el anonimato del portador y sirven para lavar activos a pequeña escala.
El abogado Guillermo García, quien sucedió al exagente del FBI, resaltó en su exposición sobre los medios electrónicos que las tarjetas de débito prepagadas funcionan “para lavar dinero, movilizar fondos ilícitos de un país a otro sin levantar sospechas y sin generar trazabilidad”.
La globalización y las nuevas formas de hacer negocios suponen más retos para la prevención del lavado de dinero, que desde hace unos años se tomó el mundo digital. De hecho, García afirmó que “hoy día estamos saliendo de la era de los paraísos fiscales de lavado de dinero, pero estamos transitando hacia el mundo de los paraísos digitales”.
