Cazas rusos o sirios bombardearon un importante hospital de Alepo ayer y lo dejaron inoperativo, mientras que fuerzas terrestres intensificaron un asalto al asediado sector rebelde de la ciudad.
Los bombardeos dañaron al menos otro hospital y una panadería, donde murieron seis residentes que hacían fila para abastecerse de pan, en un sitio que ha mantenido atrapadas a 250 mil personas con una escasez cada vez peor de alimentos.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) expresó que tenía reportes de que ambos hospitales están fuera de servicio.
Al menos dos pacientes resultaron muertos y dos miembros del personal sanitario fueron heridos en estos ataques, según la oenegé Médicos Sin Fronteras.
“Esta es una guerra dirigida contra los trabajadores sanitarios de Siria”, denunció el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, recordando que el derecho internacional obliga a proteger al personal y las instalaciones médicas.
“Los ataques deliberados contra hospitales son crímenes de guerra”, agregó.
Para Diana Semaan, de Amnistía Internacional, los bombardeos persiguen obligar a los habitantes de los sectores rebeldes a huir hacia las zonas gubernamentales; además de aumentar el sufrimiento de los civiles y destruir las infraestructuras para obligarlos a partir hacia las regiones en que sigue habiendo infraestructuras.
En el asalto, que ya lleva una semana, han muerto cientos de personas por bombardeos que han derribado edificaciones sobre residentes refugiados en su interior. Se estima que solo unos 30 médicos permanecen dentro de la zona sitiada y tienen que lidiar con cientos de heridos a diario.
“El caza voló sobre nosotros y comenzó a soltar sus misiles directamente sobre este hospital (...) alrededor de las 4:00 de la mañana”, dijo Mohammad Abu Rajab, radiólogo del mayor hospital traumatológico en el sector de la ciudad bajo control rebelde. “Cayeron escombros sobre los pacientes en la unidad de cuidados intensivos”, añadió.
Los ataques afectaron los generadores de energía y oxígeno del hospital y los pacientes fueron trasladados a otro centro, comentaron trabajadores del hospital M10.
El gobierno del presidente Bashar al Assad, respaldado por poder aéreo ruso, fuerzas terrestres iraníes y combatientes de milicias chiíes de Irán, Irak y el Líbano, lanzó un enorme asalto para aplastar al último gran bastión urbano de los rebeldes. La toma total de la ciudad restauraría el mandato del Gobierno en las localidades más importantes del oeste de Siria, donde vivía casi toda la población del país al inicio de la guerra.
Ban afirmó que aquellos que usan “las armas más destructivas” están cometiendo crímenes de guerra y que la situación en Alepo era peor que “un matadero”.
El colapso de un proceso de paz la semana pasada fue un duro revés para la política de Estados Unidos en Siria, y especialmente para el secretario de Estado John Kerry, que encabezó negociaciones con Moscú.
No obstante, al final de la tarde de ayer el general teniente Viktor Poznikhir, del Comando General de las fuerzas militares de Rusia, dijo que expertos rusos están listos para viajar a Ginebra a fin de retomar las consultas con Estados Unidos para buscar maneras posibles de normalizar la situación en Alepo.
Horas antes, Kerry amenazó con cortar todo contacto con Moscú en Siria, a menos que cesaran los ataques rusos y sirios contra Alepo, especialmente contra hospitales, suministros de agua y otra infraestructura pública.
Kerry citó la creación de un “centro conjunto” de coordinación militar previsto por un acuerdo firmado en Ginebra por Rusia y Estados Unidos el 9 de septiembre, pero que saltó por los aires 10 días después.
Mientras, el papa Francisco “llamó a la conciencia” de las fuerzas en conflicto a que dejen de bombardear a civiles en Alepo.
