Al menos 45 civiles murieron ayer en los barrios rebeldes de Alepo, devastados por una lluvia de bombas lanzada por las fuerzas del Gobierno sirio y su aliado ruso, tras otro fracaso en las negociaciones entre Washington y Moscú sobre una tregua.
Entre las víctimas figuran al menos siete civiles –entre las raras personas que se aventuran a buscar comida– que hacían cola para comprar yogur en un mercado del barrio de Bustan Al Qasr, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos.
Un corresponsal describió un escenario trágico, con restos de cadáveres esparcidos en el suelo, en medio de un baño de sangre. Las clínicas están desbordadas con la llegada de más heridos.
Bustan al Qasr se halla en la línea que divide la zona gubernamental de la ciudad, en el oeste, de los barrios controlados por los rebeldes, en el este.
Para mayor sufrimiento, los casi 2 millones de habitantes de Alepo carecían ayer de agua debido a los bombardeos de la noche anterior. La Unicef teme una “catastrófica aparición de enfermedades” a causa de la falta de agua potable, en particular entre los niños.
Alepo, la segunda mayor ciudad del país, es el principal botín de la guerra en Siria, y por ello es una de las localidades más azotadas por un conflicto que en cinco años ha causado al menos 300 mil muertes.
De la floreciente ciudad y su centro histórico, apenas queda hoy un campo de ruinas y desolación. A pesar de ello, desde el pasado lunes arrecian los bombardeos gubernamentales y rusos. Cuatro días antes el Ejército sirio anunció el comienzo de una vasta ofensiva, con operativos de “reconocimiento y bombardeos”, previos a una “operación terrestre”.
Durante una conferencia de prensa en Estambul, la coalición de la oposición siria en el exilio fustigó ayer nuevamente el “silencio de la comunidad internacional”, y la instó a actuar para “hacer cesar las matanzas”.
Mientras, en la tribuna de la ONU en Nueva York, el ministro de Relaciones Exteriores sirio, Walid Muallem, lamentó que “ciertos países sigan derramando lágrimas de cocodrilo sobre la situación de los sirios en algunas zonas”, como Alepo, en tanto “continúan apoyando y armando a los terroristas (...) que impiden la entrega de ayuda humanitaria”, en referencia al apoyo de Estados Unidos a la oposición.
El secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, reaccionó a los ataques en Alepo. Se declaró consternado por el “escalofriante” incremento de los combates y advirtió de que el uso de armamento avanzado en el terreno podría constituir crímenes de guerra.
