El análisis de las cajas negras del avión ruso que se estrelló en el Sinaí sustenta la hipótesis de un atentado, afirmaron ayer viernes fuentes cercanas a la investigación, en tanto que Rusia suspendía sus vuelos a Egipto.
Días después del accidente que costó la vida de las 224 personas que viajaban a bordo del Airbus, de la rusa Metrojet, todo apunta a la explosión de una bomba.
Luego del incidente el grupo yihadista Estado Islámico (EI) había reivindicado su responsabilidad, pero sin explicar cómo.
Según dijo ayer una fuente cercana a la investigación, los datos de las cajas negras muestran que “todo sucede de manera normal, absolutamente normal durante el vuelo y súbitamente se acaba todo”, un fenómeno que sustenta la hipótesis de una “muy súbita despresurización explosiva”. “Un avión no deja de transmitir datos tan bruscamente en plena altitud de crucero si no ocurre una súbita explosión”, puntualizó.
Rusia optó primero por la prudencia ante esas hipótesis, pero ayer el presidente Vladimir Putin ordenó suspender los vuelos de las compañías aéreas rusas hacia Egipto.
Reino Unido comenzó, por su parte, ayer viernes, a repatriar a los 20 mil turistas británicos que se encontraban en Egipto, pese a que hace 10 meses habían dado su visto bueno a las condiciones de seguridad del aeropuerto Sharm el Sheij.


