El último día de Carnaval en los distintos países de América Latina es una fiesta de contrastes.
En Río de Janeiro, Brasil, consagrado como el Carnaval por antonomasia en este lado del mundo, culminó su celebración entre la fastuosidad y el colorido de sus escolas do samba, como Académicos o Mangueira, por mencionar solo dos de las más populares, y los miles de celebrantes que han desafiado la proliferación del virus zika en el país más castigado por este en las Américas.
También ha sido notable el contraste en las calles de varias ciudades de Venezuela, donde igual se ha celebrado el Carnaval, aunque sin el lucimiento de otros años.
Las largas filas para abastecerse de productos no han faltado ni siquiera en los días de las fiestas carnestolendas.
Pese a ello, en las caraqueñas calles de Chacao se han visto los celebrantes con diversos y originales disfraces, rindiendo culto al rey Momo y olvidándose por un momento, al menos, de la grave crisis política y económica que les aqueja.
Y más al sur, en Buenos Aires, también las festividades del Carnaval han sido notorias, con las características propias del país austral, que también celebra esta tradición popular.
El balance de la festividad para los argentinos no ha estado nada mal. Según cifras de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), 292 millones de dólares dejaron los turistas durante los cuatro días de asueto.





