La política volvió a tomarse los carnavales después de cuatro años, con el partido Cambio Democrático (CD) como el gran protagonista.
A donde sea que se mire por las calles de Penonomé, hay algo alusivo a este colectivo. Top of mind, dirían los publicistas.
En el primer día del jolgorio, cuando jóvenes y adultos coexisten como pares durante unos días, el candidato presidencial por CD, José Domingo Arias, fue el centro de atención. Al menos durante los 50 minutos que duró su recorrido.
Acompañado por la alcaldesa de Panamá, Roxana Méndez; el ministro de Desarrollo Social, Guillermo Ferrufino; el titular de Economía, Frank De Lima; el director de la Autoridad de Aseo, Enrique Ho, y de decenas de jóvenes del movimiento Generación del cambio, Arias comenzó su recorrido en el culeco del Peskaíto, el lugar de diversión en donde el seco Herrerano –propiedad de la familia Varela– fue reemplazado por el seco SL, como para que no quede duda sobre quién manda en el sitio.
Ya en el lugar, Arias logró pasar hacia la tarima por la parte trasera de ésta, gracias a una cadena humana que formaron sus jóvenes simpatizantes. De fondo, el jingle ¡qué xopá, Mimito, qué pasó! y el disc-jockey anuncian eufóricos la llegada del candidato.
Tras un breve saludo continuó hacia su siguiente destino a unas pocas cuadras, en la zona del místico “manguito” de la ciudad.
Con paso firme e ininterrumpido, Arias, con guayabera blanca, short verde, lentes de sol y sombrero, llegó hasta la tarima de los jóvenes que lo respaldaban.
De todos los culecos del área que refrescan e hipnotizan a la multitud, la mayoría es patrocinada por CD; algunos por el Partido Revolucionario Democrático (PRD) y otros por empresas privadas.
El Partido Panameñista marcó presencia con lentes, suéteres y kits para la fiesta con menciones a su candidato presidencial Juan Carlos Varela.
Una vez en el área del manguito, Arias subió al camión cisterna, pidió la manguera y avivó la fiesta. 10 minutos después estaba de nuevo en el suelo. Entre saludos fugaces vuelve a perderse entre la multitud. Se le vio de buen humor.
Tanto así, que mientras se trasladaba por las calles rodeado de gente, aprovechó para jugarle una broma a los fotógrafos que lo seguían, pero caminando hacia atrás. Consciente de la dificultad de estos para seguirle el paso “marcha atrás”, Arias jugaba e incitaba al resto a acelerar el paso, a ver si los fotógrafos pasaban el desafío.
Ya a la 1:00 de la tarde los carnavales de Penonomé habían terminado para el candidato oficialista, pero no para la multitud. Él emprendió rumbo hacia Chitré; la gente continuó la parranda en el río Las Mendozas, como es tradición, una vez que en los culecos se guardaron las mangueras a las 3:30 p.m.
Un importante operativo policial, con grupos de unas cinco agentes cada dos cuadras, mantuvo el orden durante el día. Si bien no se registraron incidentes, varias personas terminaron dormidas en distintos rincones a causa de la borrachera carnavalesca.
Al final del día, ni el famoso manguito se salvó del efecto Carnaval en época electoral. La gente quedó adornada con camisetas, lentes y accesorios de los distintos partidos; el árbol, con anuncios de candidatos en tronco y ramas. La diferencia es que él no elige lo que le visten. Tampoco vota.
EN AZUERO
En Azuero el escenario fue bastante parecido al de Penonomé. Se celebra otro duelo entre oficialistas y opositores. Los candidatos a diputado por el circuito 6-2 de la provincia de Herrera, Heriberto Yunito Vega, de CD, y José Luis Popi Varela, del Partido Panameñista, libran una cerrada batalla en los postes de luz de la carretera Divisa-Las Tablas.
Ambos aspirantes se turnan los postes con carteles de medio metro de alto, durante cerca de un kilómetro de carretera.
Si la carretera se llama Belisario Porras, y si el presidente Ricardo Martinelli quiere cambiarle ese nombre por el de Mireya Moscoso, la realidad indica que debería denominarse algo así como Popi-Herrera o Yunito-Varela por la cantidad de propaganda de ellos en la vía.
Ya en Chitré se escucha a todo parlante la canción de José Domingo Arias titulada ¡Qué xopá, Mimito, qué pasó!, con el sello del siempre versátil Salomón Shamah, administrador de la Autoridad de Turismo de Panamá.
El tema pega, tiene ritmo, es de espíritu fácil, pero los que saben de asuntos políticos dicen que quizás tenga un efecto nocivo para el candidato oficialista en caso de llegar a la Presidencia. Allegados y opositores, ministros y ciudadanos, y quién sabe si sus pares de otros países, le llamarán “Mimito, Mimito”, en vez de José Domingo Arias.
El parque Unión de Chitré está bíblicamente repartido. El 50% de los carnavaleros pertenece a la plataforma de CD, con su ya soberbia presencia de siempre, con imágenes del ungido del partido y la primera dama en días de licencia, y con la foto estelar, a todo color, de “su diputado Manuel Cohen”, del circuito 6-1.
El sancocho, ese plato típico panameño que el oficialismo reparte a montones en estos días, se entregaba en recipientes de foam cuya superficie exterior luce la imagen, el logotipo y los colores de CD. Sancocho en mano, empapados tras los culecos, los despreocupados festejantes beben el brebaje de la maquinaria de gobierno.
El otro 50% del parque se lo reparten dos tímidos camiones cisterna y una tarima del opositor Partido Revolucionario Democrático, una plataforma de un almacén popular cuyo fundador nació en Cuba, y una franquicia de telefonía móvil.
El torneo por la Alcaldía de Panamá está tan reñido que hasta se trasladaron a la provincia de Herrera dos de los aspirantes.
José Isabel Blandón, el abanderado del panameñismo y el Partido Popular para arrebatarle el control del Municipio de Panamá al oficialismo, ubica una tribuna metálica en el parque Unión, la única allí del panameñismo, frente a las de CD y el PRD.
Roxana Méndez aprovechó la discoteca desarmable de Peskaíto donde también aparecen alusiones de Abdiel Orejitas Celis, aspirante a representante por el corregimiento de Betania, y donde sobresalen los pósteres del seco SL. Así como en Penonomé, nada había del seco Herrerano.
De nada valen las campañas contra el dengue u otras enfermedades en estos carnavales, porque el agua se estancaba a sus anchas debajo de los camiones cisterna, como una enorme sopa preparada con latas vacías, huesos de pollo, platos de foam y vasos desechables.
Realidad económica
Las aguas hediondas y ya estáticas no impiden la zambullida de una mujer en busca de latas vacías. El acto congela toda la felicidad del Carnaval. Con vergüenza, tal vez con rabia contra un país orondo por sus dos dígitos de crecimiento económico, la mujer no cabe de dicha por el botín hallado allá abajo en la miseria panameña.
Frente a tamaña postal no hay partido político que valga, ni organización civil o credo religioso.
Más allá, una menor en medio de la piscina hedionda sostiene una bolsa llena de latas hasta la mitad. Y más acá, precisamente donde es imposible disimular un gesto, una recolectora adulta dice: “esto resuelve, papá”.
Canasta carnavalera
Dicen que Chitré es la ciudad que crece sola, y eso es cierto. Ha aumentado el número de barriadas, tiendas y establecimientos de comercio. Ese incremento espectacular de todo lo que implique consumo se aprecia en los precios de la comida y las bebidas de estos carnavales. Las sodas y las cervezas alcanzan a valer $1.50. Lo mismo una botella de agua. La presa de cerdo asado limpia, sin una papita que le haga compañía, puede costar $2. Por un encuentro de pollo acompañado de yuca piden $4. Por un arroz mixto de cerdo y pollo exigen la suma de $3. Como va la cosa, para los carnavales 2015 van a cobrar hasta el agua dispensada desde las mangueras.
A la salida de este primer round culequero, como si hubieran sido partícipes de una asamblea hippie, se saludan y abrazan hombres y mujeres de las diferentes fuerzas políticas. Entonces resuenan las palabras que pronunció el arzobispo de Panamá, José Domingo Ulloa, en la fiesta del Cristo de Esquipulas: “Los grandes de este mundo (político) se entienden alrededor de una mesa. Mientras tú y yo estamos peleando, ellos están organizando todos sus negocios”.