La instauración de Juan Carlos Varela como nuevo presidente de la República estuvo llena de tradición.
Pese a la demora de un poco más de dos horas, las casi 15 mil personas que acudieron al acto, en el estadio Rommel Fernández, ondearon con fervor pequeñas banderas de Panamá, mientras esperaban la aparición del mandatario.
Con la llegada de Varela, de las delegaciones extranjeras, ministros designados, varios diputados y otras autoridades nacionales, se iniciaron los actos.
El primer grupo que apareció sobre el tartán del coliseo fue el de oficiales del Servicio de Protección Institucional, que escoltaba el pabellón nacional.
Le siguieron otros estamentos de seguridad con un despliegue casi militar –pese a que Panamá no cuenta con milicia– mientras la banda Republicana entonaba La bandera panameña, de Nacho Valdés.
La ceremonia continuó con algunas delegaciones musicales de colegios de todo el país, acompañadas por 50 jóvenes empolleradas.
Las bandas de guerra tocaron desde Marcha Panamá –acompañada a viva voz de gran parte de los presentes– hasta composiciones más autóctonas que las muchachas bailaban, ataviadas con sus trajes típicos.
Luego habló Varela, y tras su discurso el estadio se vació. Las personas iban sonrientes y comentaban su expectativa por un gobierno que cumpla sus promesas.
