Cerca de 1.5 millones de fieles llegados del mundo entero iniciaron ayer la peregrinación a La Meca, punto álgido del calendario musulmán, ensombrecido el año pasado por una mortal avalancha y ahora por una abierta crisis entre Arabia Saudí e Irán.
La gran peregrinación a La Meca, llamada hach, es uno de los cinco pilares del islam, que todo fiel debe cumplir al menos una vez en su vida, si tiene los medios para ello.
Ayer, los peregrinos acudieron al valle de Mina, a algunos kilómetros al este de La Meca, donde las temperaturas superaban los 40 °C, antes de iniciar la ascensión del monte Arafat, primeras etapas de los cinco días de rituales.
Gestionar el ininterrumpido flujo de peregrinos, organizar su acogida y su transporte y garantizar su seguridad es una operación logística que supone un reto para Arabia Saudí, que será escrutado de muy cerca.
Riad fue objeto de fuertes críticas tras la estampida –la más mortal de la historia del hach– del 24 de septiembre de 2015, producida durante el ritual de la lapidación de Satanás, que este año tendrá lugar mañana.
Al menos 2 mil 297 fieles murieron en este drama según datos compilados de las estadísticas de los gobiernos extranjeros. Arabia comunicó por su parte una cifra de 769 víctimas mortales.
Los resultados de una investigación efectuada por las autoridades no han sido divulgados, un año después de la tragedia. Este año, los saudíes han empezado a equipar a los fieles con pulseras identificativas en caso de avalancha o pérdida de conciencia por cualquier motivo.
En efecto, la identificación de las víctimas en 2015 fue muy difícil y los gobiernos denunciaron la confusión que reinó en esos momentos. Sin embargo, no se sabe cuál es la proporción de personas dotadas este año con estos brazaletes.
El portavoz del Ministerio de Interior saudí, el general Mansur Al Turki, destacó“los grandes esfuerzos desplegados por el reino, no solo para la seguridad de los peregrinos, sino también para facilitar” los ritos.
Este año, ningún peregrino de Irán acudirá a La Meca. Es la primera vez en tres décadas que esto sucede. De los 60 mil fieles que vinieron en 2015, más de 460 perecieron en la estampida, lo que provocó la cólera de Teherán, que mantiene tensas relaciones con Arabia Saudí, su gran rival sunita.
El pasado viernes, miles de iraníes se manifestaron en Teherán contra Arabia Saudí por su exclusión del hach, proclamando que es algo que “no perdonarían jamás”.
