Con alfombras de sal teñida, en las que resaltaron los rostros de los seis jesuitas y las dos mujeres asesinados por el Ejército de El Salvador en noviembre 1989, estudiantes y académicos pidieron ayer justicia y conmemoraron los 28 años del brutal crimen. “La justicia es una deuda pendiente del Estado”, dijo el sacerdote José María Tojeira.
La madrugada del 16 de noviembre de 1989, en medio de una ofensiva guerrillera sobre San Salvador, efectivos del ahora proscrito batallón Atlacatl asesinaron a seis sacerdotes y dos empleadas en el campus de la jesuita Universidad Centroamericana (UCA). Entre las víctimas estuvo el español-salvadoreño Ignacio Ellacuría, el rector y prominente defensor de la Teología de la Liberación.
Ayer, en una calle del campus de la UCA, decenas de estudiantes confeccionaban alfombras, algunas de ellas mostraban los rostros de “los mártires” y reproducían algunas de sus frases. Una de las más llamativas mostraba ocho cruces simbolizando a las víctimas y destacaba que el país necesita paz, salud, educación y proteger al medio ambiente.
Como director del Instituto de Derechos Humanos de la UCA, Tojeira lamentó que el Estado haya sido “incapaz” de ver cómo “la gente buena” desea “verdad, justicia, reparación, reconciliación y perdón” en este crimen y en otras masacres cometidas durante la guerra civil (1980-1992).
