SCHOLAS OCURRENTES

Del Corral, el hombre que dirige la fundación del papa Francisco

Del Corral, el hombre que dirige la fundación del papa Francisco
Del Corral, el hombre que dirige la fundación del papa Francisco

Antes de ser papa, Jorge Mario Bergoglio fundó Scholas Ocurrentes, una organización que promueve la interacción de jóvenes de distintos contextos sociales en torno a temas como las adicciones, el bullying, la violencia, la tolerancia, entre otros. José María Del Corral, su director a nivel mundial, habló con La Prensa.

Usted es teólogo, pero no es parte del clero

Soy laico. Estudié teología en la Pontificia Universidad Católica Argentina. Trabajé primero en la universidad como profesor, hasta que me di cuenta de que el gran problema de mi país estaba en la educación, y que el que más sufría era el adolescente. Me desempeñé como catequista, como profesor de filosofía y teología, como tutor, me especialicé en construcción educativa. Hasta que me encontré con Jorge Bergoglio.

Hace más de 20 años, ¿no?

Si hace más de 20 años. Él asumió como obispo auxiliar en Buenos Aires, y luego como arzobispo. Yo había trabajado como teólogo en villas, barrios muy carenciados, con todo el problema en ese entonces de la inmigración, con mucha violencia y drogas. Jorge, me dice: ‘si no empezamos por la educación, este país no va a cambiar, por qué no juntás a unos jóvenes, para ver qué les pasa a ellos’. En ese momento, la gente no creía en políticos. Ni en uno ni en el otro. Bergoglio decía, ‘si los jóvenes se van espantados de la democracia y de la política, va a ser peor’.

Fui a tocar la puerta a la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), donde explotó la bomba en la comunidad judía [de Buenos Aires]. (...) Les dije: necesito 15 jóvenes judíos adolescentes, yo ya tengo 15 jóvenes católicos. Fuimos al Centro Islámico, y les pedimos 15 jóvenes, al Consejo Evangélico de Educación, y juntamos 15 más, y se hizo la primera reunión.

¿Y esa fue la primera instancia de Scholas?

Así nació. Pura providencia.

¿Cómo fue el protocolo de esas primeras reuniones, y cómo evolucionó?

Les dijimos: este espacio es de ustedes. Queremos que se animen a abrir el corazón. La primera respuesta fue genial y frustrante a la vez. Una chica de la escuela judía dijo: ‘lo vamos a hacer. Pero váyanse ustedes’. Nos echaron, porque querían hablar ellos, sin que los escuchemos. Y nos tocó irnos. Iba a durar un mes esta experiencia. Se entusiasmaron tanto que duró seis meses.

¿Lo veían como algo vacío?

Decían: ‘tolerar al otro es algo negativo. Tolero lo que no me gusta. Y nosotros estamos al revés. Estamos siendo amigos, estamos armando juntos un proyecto. Disfrutamos de ser distintos’. La diversidad la entendieron de otra manera. Primer concepto que le llega al que va a ser después el papa. Y él mismo empieza a hablar de diversidad, de unión en la diversidad. Todos los discursos del papa tienen este concepto.

¿Es Scholas una respuesta a los conflictos?

Totalmente. El papa, 20 años antes se da cuenta de que el mundo se empieza a complicar cada vez más. Que la diversidad pasa a ser el enemigo, y que en vez de buscar el encuentro y la unidad, el desencuentro empieza a ganar pista entre los jóvenes, y que los líderes que van saliendo por la mala educación y la mala formación nos llevan a la guerra, a la tiranía, y no a la construcción de democracias. Esto lo ve Bergoglio a partir del trabajo de los jóvenes en Argentina.

¿Qué problemas vio Scholas en Panamá?

Dos cosas: educación y el maltrato animal. Lo de los animales, uno puede decir, ¿no es eso un problema menor, considerando otros problemas? (...) Los chicos reconocen que la sensibilidad y el trato de un humano para un animal educa sobre el trato o maltrato entre los propios jóvenes.

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