David Cameron dejó de ser el primer ministro de Gran Bretaña ayer. El palacio confirmó en un escueto comunicado que “el honorable parlamentario David Cameron tuvo una audiencia con la reina y presentó su renuncia como primer ministro y encargado del Tesoro, la que Su Majestad tuvo la bondad de aceptar con gracia”.
Poco después se difundió una foto de Theresa May saludando a la monarca. Tal como lo establece la tradición para cambios de gobierno en Gran Bretaña, Cameron se reunió con la reina y recomendó que fuera May, su sucesora como líder del Partido Conservador, la próxima jefa de gobierno.
Cameron renunció tras ofrecer una declaración frente a la residencia donde vivió. “Ha sido el máximo honor de mi vida haber servido a nuestro país como primer ministro estos últimos seis años, y servir como líder de mi partido por casi 11”, dijo, acompañado de su esposa y sus hijos. “No ha sido tarea fácil y por supuesto no todas las decisiones que tomamos fueron las acertadas, pero sí creo que hoy nuestro país es mucho más fuerte”, expresó.
Cameron aseguró que May ofrecerá“un liderazgo fuerte, estable” y le deseóéxito en las negociaciones para la salida británica de la Unión.
Horas antes, Cameron compareció ante el Parlamento por última vez como primer ministro, con dignidad y buen humor, convirtiendo una sesión de preguntas normalmente áspera en un momento para elogiar, agradecer, bromear y aclamar... con una pizca de críticas. La cordialidad en la Cámara de los Comunes culminó en un fuerte aplauso y una ovación de pie de parte de los colegas conservadores de Cameron, que renuncia después de que los electores decidieron abandonar la Unión. “Extrañaré el clamor de la multitud. Extrañaré las duras críticas de la oposición”, dijo, prometiendo seguir los futuros diálogos como un legislador regular, desde los banquillos.
