Había en el aula cierto ambiente futbolístico. Adentro aguardaba el Instituto Profesional y Técnico de Bocas del Toro. Sus integrantes, o jugadores si seguimos por la línea deportiva, se mostraban listos, seguros. Leían y practicaban sus entradas; como aquel que trota sobre el césped o hace sus últimos movimientos de calistenia antes de empezar uno de los tantos enfrentamientos que hubo ayer en la segunda edición de la Copa Nacional de Debate.
El público, unas 20 personas, también esperaba en uno de los salones fríos del edificio 105 de la Ciudad del Saber. Conversaban, cuchicheaban, ordenaban papeles y miraban al celular. Y por fin entró el Instituto Pedagógico. Casi como si se tratara de la cancha argentina La Bombonera, en la que su equipo de casa, Boca Juniors, sale al césped siempre con notable retraso. Quizás para afectar sicológicamente a sus rivales o para lograr un mayor efecto de sus fanáticos, quienes rugen cuando los ven salir con su uniforme azul y oro. En este caso, el efecto fue contrario, pues, al entrar, lo que dominó la sala fue el silencio.

El Pedagógico ingresóúltimo, no porque quiso, sino porque las reglas lo establecen así. 15 minutos antes hubo un sorteo con una moneda -como en el fútbol- en el que se dejó al azar cuál equipo estaría a favor y cuál en contra. El que perdía ese sorteo tenía la decisión de preparar su presentación dentro del salón o afuera. El Pedagógico, en este caso, salió.
Los estudiantes se prepararon durante meses. Primero, para representar a su provincia y luego, para la etapa final. Eliminatorias y Copa del Mundo, si nos mantenemos en el plano futbolero.
Durante aquellos meses, varios integrantes de la Asociación Panameña de Debate (Aspade), organizadores de la competencia, acudieron a todos los colegios que estarían en la etapa final: Instituto Profesional y Técnico de Bocas del Toro; colegio Rodolfo Chiari, de Coclé; Instituto Santa María de Belén, de Colón; Instituto David, de Chiriquí; Centro Educativo Zapallal, de Darién; colegio Rafael Quintero Villarreal, de Herrera; colegio Manuel Tejada Roca, de Los Santos; Instituto Atenea, de Panamá centro; Instituto Pedagógico, de Panamá norte; Instituto Urracá, de Veraguas; Centro Educativo Saila Olonibiginya, de la comarca Guna Yala; y Centro Educativo de Formación Integral Guillermo Endara Galimany, de Panamá Oeste. Planteles. Equipos.
Y ahora están todos en la Ciudad del Saber. Discutiendo ideas. Argumentos. La jornada de ayer fue sobre si se debe priorizar la protección ambiental sobre el crecimiento económico. Los argumentos fueron y vinieron por casi una hora. Durante ese tiempo, los jueces puntuaban las presentaciones. Al final, declaraban un ganador. Los ocho equipos con más puntos durante la jornada de ayer (ver tabla) tendrán que volver a debatir hoy, en una especie de cuartos de final. Quedarán dos, que se enfrentarán en una gran final esta misma noche en la Cancillería, y que será transmitida en prensa.com.
Hugo Wood, uno de los principales rostros de Aspade, asegura que el nivel de argumentación de esta edición de la copa, en comparación con la del año pasado, es notable. “Son ordenados en la forma en la que hablan y eso los ayuda en su vida. Es importante que los jóvenes queden empoderados para que ayuden a sus comunidades”, dice.
Añade que la mejora responde al compromiso de los estudiantes y sus profesores. “Van más allá de estudiar para sus clases, le dan tiempo a esto, a conceptos como el producto interno bruto, que son cosas que no se dan hasta la universidad”.

Wood destaca que no se ve una brecha en la presentación de jóvenes del área metropolitana con los del interior del país.
Felipe Echandi, uno de los jurados de la jornada de ayer, afirmó que se siente inspirado. “Es gente joven que comienza a pensar de forma crítica, que es lo que necesitamos”, indica.
La mejora en el nivel, explican Milagros y Rosa Brooks, gemelas de Aspade, se refleja en la puntuación. “El año pasado se puntuaba mucho con uno o dos puntos en un máximo de cinco. Este año hay muchísimos cuatro”, dice Milagros, que se diferencia de su hermana únicamente por el color de su blazer. “Están muy preparados, en su evidencia, en su línea argumentativa”, remata Rosa.
Y siguen los debates en las aulas. Inicio, argumentación, refutación, conclusión, puntos de información. Duelo de ideas. Sin la competencia, las aulas serían escenarios de simples conversatorios. El fútbol, sin la competencia, sería 11 personas pasándose la pelota de un lado a otro.
Se acaba el intercambio y los jurados piden 15 minutos para deliberar. Salen todos. Los competidores se dan la mano, se abrazan, se felicitan, y luego se agrupan para ver qué hicieron mal y qué bien. Cada grupo lleva un profesor consejero, que siempre está con ellos y que los apoya antes y después de cada debate.
Entonces vuelven a entrar para conocer el veredicto final. Primero vienen los consejos de los jurados sobre sus exposiciones. “Faltó contundencia”, “faltó profundizar más”, “hay que aprovechar mejor el tiempo”, son apenas algunas de las frases que se desperdigan por las pequeñas aulas del edificio 105 de la Ciudad del Saber.
Y por fin: el ganador. Aplausos con rubor y de nuevo todos se estrechan la mano. Acaba la competencia y vuelven a ser amigos, compañeros, colegas. Como en el fútbol. La única diferencia entre el deporte rey y el debate, aparte del obvio esfuerzo físico, es que en uno el arma es cómo manejar una pelota y en el otro, cómo manejar una idea.
