Cinco soldados rusos murieron ayer cuando su helicóptero fue derribado en el noroeste de Siria, en el ataque más sangriento contra las fuerzas rusas desde que Moscú se implicara militarmente en el conflicto en septiembre de 2015.
Al mismo tiempo, los insurgentes y sus aliados yihadistas intentaban romper el sitio total impuesto desde el 17 de julio por las fuerzas del régimen en los barrios rebeldes de Alepo, la gran ciudad del norte del país y excapital económica.
El Ministerio de Defensa ruso anunció que el helicóptero derribado transportaba a dos oficiales y tres miembros de la tripulación.
“En la provincia de Idleb, disparos desde tierra derribaron un helicóptero de transporte militar MI-8 mientras regresaba a la base aérea de Hmeimim, tras haber entregado ayuda humanitaria” en Alepo, declaró el ministerio. El Kremlin anunció poco después la muerte de los cinco ocupantes.
Con este ataque ya son 18 los militares rusos muertos en ese país desde la intervención rusa, comenzada el 30 de septiembre de 2015 para apoyar a su aliado, el presidente sirio Bashar Al Asad.
