La expresidenta brasileña Dilma Rousseff arremetió el pasado viernes contra el proceso que derivó en su destitución esta semana y prometió mantenerse como una fuerte opositora del nuevo gobierno. En comentarios ofrecidos a la prensa extranjera, Rousseff dijo que la próxima semana se mudará de regreso a su ciudad natal en Porto Alegre, en el sur de Brasil.
Rousseff afirmó que no ha desarrollado un plan a largo plazo respecto a su futuro, pero que no desaparecerá de la vida pública. “No tengo planes políticos de gobierno, pero sí tengo planes políticos. Me opondré a este gobierno”, subrayó.
Por su parte, su colectivo político, el Partido de los Trabajadores (PT), reclamó ayer el adelanto de las elecciones presidenciales de 2018, en un cambio de opinión tras la destitución hace dos días de Rousseff.
“Vamos a seguir denunciando el golpe. Ante un gobierno usurpador, entendemos que la única manera de restablecer la democracia en el país es a través del voto popular”, declaró el presidente del PT, Rui Falcao.
El PT también denunció como un “golpe parlamentario” el proceso de destitución que el pasado miércoles puso fin al mandato de Rousseff, por cargos de manipulación de las cuentas públicas.