El primer “controlador general” de las finanzas del Vaticano, Libero Milone, renunció al cargo, anunció ayer martes la Santa Sede, sin brindar explicaciones sobre las causas de la partida de esta pieza clave de las reformas a las que aspira el papa Francisco.
“Milone presentó el lunes al santo padre su dimisión al puesto de controlador general. El santo padre la aceptó. La colaboración con la Santa Sede finalizó así de común acuerdo”, anunció el Vaticano en un breve comunicado.
La Santa Sede continúa deseándole a Milone “el mayor éxito en su futura actividad”, y afirma que el procedimiento para encontrarle un sucesor comenzará“lo más pronto” posible.
Experto contable y financiero laico italiano, cuya carrera la realizó en su mayor parte en la consultora (de auditoría) Deloitte & Touche, Libero Milone, de 68 años, había sido nombrado en mayo de 2015 en el puesto recién creado de “controlador general” para el Vaticano. Llegaba entonces para completar una troika encargada de modernizar y controlar el sistema económico y financiero del Vaticano, junto con el cardenal australiano George Pell, secretario (ministro) de Economía, y el cardenal alemán Reinhard Marx, coordinador del Consejo de Economía.
El controlador general realiza el control financiero de los ministerios de la curia y de las administraciones dependientes de la gobernación de la ciudad del Vaticano.
Según los estatutos, tiene “plena autonomía e independencia” para realizar su misión en todos los servicios.
En noviembre de 2015, se constató un robo de datos del ordenador de Milone, en su despacho, ubicado no lejos de la plaza de San Pedro, lo que haría estallar el nuevo escándalo Vatileaks.
Según varios medios de comunicación italianos, su partida representa un nuevo duro golpe para Pell.
