Menos de dos semanas después de Niza, un cura fue degollado en una iglesia de Normandía, un nuevo ataque reivindicado por el grupo Estado Islámico (EI) que sume a Francia en el estupor a medida que se conoce que uno de los autores había sido inculpado por vínculos con el “terrorismo”.
Este es el primer atentado del grupo yihadista EI contra un lugar de culto católico en Europa, por lo que el impacto simbólico de la acción remece fuertemente a la sociedad y atiza la polémica en torno a las supuestas fallas de seguridad en el atentado de Niza.
El grupo Estado Islámico cruzó ayer un nuevo umbral en su lucha contra Occidente, luego de que dos de sus seguidores atacaron una iglesia en Normandía, donde degollaron a un sacerdote de edad avanzada que celebraba misa y utilizaron rehenes como escudos humanos, antes de ser abatidos por la policía.
Fue el primer atentado del grupo extremista en contra de una iglesia en Occidente y, cumple con las añejas amenazas en contra de los “cruzados”, en lo que los radicalistas describen como una batalla de varios siglos por el poder. Uno de los atacantes había intentado viajar a Siria en dos ocasiones; el segundo no fue identificado.
“Atacar una iglesia, asesinar a un sacerdote, es profanar a la república”, dijo el presidente de Francia, Francois Hollande, a la nación luego de entrevistarse con el papa Francisco, quien condenó el asesinato de la manera más enérgica.
