En los partidos políticos, los cambios de cúpula dependen de que los miembros de la organización piensen que su dirigencia es capaz de cumplir con sus objetivos. En las democracias como la panameña, esa tierra prometida es ganar elecciones. Por eso el argumento de Rómulo Roux, al justificar su postulación enfrentando al líder histórico de Cambio Democrático, Ricardo Martinelli, diciendo que para ganar la elección presidencial de 2019 necesitan a un líder presente, tiene al menos sentido.
Sin embargo, el objetivo de ganar la elección presidencial de 2019 no se alcanzaría este 21 de enero de 2018. La elección interna de este domingo es apenas el primero de un combate a tres asaltos que se prevé largo e intenso. Para que haya cambio de cúpula —“coalición dominante” le llamamos en ciencia política— Rómulo Roux, su grupo, sus recursos políticos y los intereses que representa, deben ganar también la elección primaria de su partido. Si no lo hacen, obviamente será porque para la membresía de esa organización partidista es la cúpula encabezada por Ricardo Martinelli la más capacitada para hacerles ganar la elección presidencial de 2019.
Pero aun ganando la primaria, eso no sería suficiente para que los retadores neutralicen completamente a la actual cúpula del partido. La conjura solo estaría completa cuando estén en el gobierno, a como dé lugar, sea desde la presidencia o la vicepresidencia. Si los disidentes no consiguieran ganar la elección presidencial de 2019 y entrar al gobierno, es muy posible que la membresía del partido mire alrededor buscando a su líder original, que ha demostrado antes saber cómo ganar una elección presidencial.
Cambio Democrático es desde su fundación en 1998 un partido personalista. La legitimidad de la dirigencia de ese tipo de partidos no emana de procesos democráticos internos, sino del carisma de su líder. Si esto cambia, superados los tres asaltos, habríamos sido testigos de un evento excepcional, porque el código genético de un partido político no se modifica fácilmente.
No obstante, la ciudadanía panameña ya ha tenido antes el raro privilegio de ver una transformación de ese tipo. La vimos en el año 2006, cuando Juan Carlos Varela fue electo presidente del Partido Arnulfista, que hasta ese momento era también un partido personalista. Entonces, el proceso de consolidación de la nueva coalición dominante panameñista dependió de ganar la elección de 2009 a como diera lugar. Así neutralizaron internamente a la poderosa Mireya Moscoso. El resto es historia reciente que no hace falta contar.
El autor es politólogo