El papa aceptó la renuncia de Rómulo Emiliani como obispo auxiliar de San Pedro Sula (Honduras), una de las regiones más violentas del mundo, lastrada por las drogas y el pandillerismo.
Así lo confirmó el Vaticano en una escueta notificación en la que no se reveló la causa de la renuncia. El Código de Derecho Canónico estipula que un sacerdote debe renunciar al cargo cuando haya cumplido 75 años, pero Emiliani cumplirá 69 el próximo 3 de mayo, por lo que se descarta esta motivación.
La oficina de prensa de la Santa Sede explicó a este periódico que son varias las motivaciones que pueden llevar a un obispo a presentar su dimisión, entre ellas la enfermedad, pero rehusó especificar qué fue lo que motivó en este caso la decisión de monseñor Emiliani.
En una nota firmada de su puño y letra este 20 de marzo, remitida a la Embajada de Honduras ante la Santa Sede, Emiliani señaló que tras “8 años de servicio episcopal y casi 40 años de sacerdocio” decidió buscar “una renovación profunda espiritual y humana”.
“Creo llegó el momento de hacer un alto en el camino, reorganizar mi trabajo y en esta última etapa de mi vida productiva pastoral”, agregó.
COMPLEJO PROCESO DE SELECCIÓN DE UN OBISPO
Con la repentina renuncia de Emiliani, la sede del arzobispado de San Pedro Sula queda vacante hasta que el pontífice nombre otro obispo que lo sustituya. El proceso de selección episcopal es largo y complejo. Será el nuncio de Honduras (que funge como embajador de la Santa Sede), el arzobispo tanzano Novatus Rugambwa, quien escoja tres candidatos que conformarán la llamada “terna que se envía a Roma”.
Esa lista la recibe la Congregación de los Obispos, uno de los “ministerios” del Vaticano más importante pues, en esencia, conforma la élite eclesiástica con sus decisiones.
La Congregación se reúne una o dos veces al mes para estudiar cada caso. Si hay acuerdo sobre el candidato, se presenta al pontífice que, si no hay otros particulares, firma de inmediato.
LABOR CARCELARIA
El sacerdote panameño fue designado obispo auxiliar de San Pedro Sula en 2002. Dos años después fundó la organización “Unidos por la Vida”, que trata de reintegrar en la sociedad a jóvenes pandilleros.
En 2007, puso en marcha la Asociación “Volver a Vivir” que se dedica a rehabilitar alcohólicos y drogadictos. Se ha destacado por su papel de mediador con las pandillas y en su empeño por sacar adelante el diálogo.
Como sacerdote ha encarnado el papel de pastor con olor a ovejas. En varias ocasiones ha ejercido como intermediario en motines carcelarios, la última en una revuelta que tuvo lugar en el centro penal de San Pedro Sula, uno de los más conflictivos de Honduras.
En 2004, intervino en un conflicto en una cárcel donde 107 presos murieron en un incendio. Lo mismo hizo en marzo de 2012, cuando trató de calmar los ánimos de un grupo de presos que se mantuvieron amotinados por más de seis horas.
Emiliani trabajó en 12 países, 38 diócesis y dedicó parte de su labor sacerdotal en las cárceles de Panamá, Costa Rica y Honduras.
