La imagen del presidente Evo Morales, de 56 años, pudo verse afectada en las semanas previas al decisivo referéndum sobre la posibilidad de prolongar su mandato, al verse envuelto en un escándalo por un supuesto tráfico de influencias en favor de la empresa china CAMC, en la que su expareja Gabriela Zapata trabaja como gerente comercial.
La compañía había logrado contratos públicos por unos 560 millones de dólares, lo que había llevado a la Contraloría y al Congreso a investigar el tema.
Morales negó siempre cualquier delito de tráfico de influencias a favor de su expareja, con quien tuvo hace unos 10 años un hijo que luego falleció.
Estos hechos eran desconocidos en Bolivia.
El mandatario se habría visto perjudicado también por las consecuencias de un ataque el pasado miércoles a la Alcaldía de El Alto, ciudad vecina de La Paz en poder de la oposición.
En el ataque e incendio fallecieron seis personas, enrareciendo aún más el ambiente entre quienes ya empezaban a adversarle.